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15 jul 2016
Síndrome de Asperger y trastorno de ansiedad social
«El trastorno de ansiedad o fobia social es (...) otra condición clínica, cuyo solapamiento sintomático puede convertirse en una fuente de errores de diagnóstico. (...) la fobia social se caracteriza por un marcado y persistente miedo a las situaciones en las que la persona debe exponerse al escrutinio de gente desconocida y teme hacer o decir algo que sea humillante o vergonzoso.
El niño con el síndrome de Asperger a menudo manifiesta una gran preocupación y temor ante las situaciones sociales novedosas, pero, a diferencia del niño con la fobia social, también muestra problemas con la interacción social en situaciones conocidas y familiares. Asimismo, y al igual que pasaba con el trastorno afectivo, el niño no tiende a manifestar los síntomas asociados a la fobia social hasta los primeros años de la adolescencia. Esto sin duda contrasta con la manifestación mucho más temprana del trastorno social asociado al síndrome de Asperger. Por último, el niño afectado por el trastorno de ansiedad social no presenta el patrón restringido de intereses obsesivos y conductas repetitivas, típicas del niño con el síndrome de Asperger (...).»
Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Página 147.
14 jul 2016
Síndrome de Asperger y trastornos depresivos
Pilar Martin Borreguero (2004) nota que algunos de los signos o síntomas de los trastornos depresivos pueden llevar a confusión con respecto al síndrome de Asperger, por ejemplo, en cuanto al retraimiento, a la falta de interés social, al humor decaído, a la falta de respuestas emocionales o al afecto aplanado.
La autora menciona dos aspectos que diferencian ambas condiciones: el primero tiene que ver con el inicio de las manifestaciones. Menciona que los trastornos depresivos tienden a manifestarse en la adolescencia, a diferencia del síndrome de Asperger, que se manifiesta en la infancia primaria. La segunda tiene que ver con el hecho de que el trastorno depresivo siempre supone un cambio en el comportamiento habitual de la persona.
Aquí cabría recalcar dos cosas: con respecto al primer punto, que los niños sí sufren trastornos depresivos. Los casos de depresión infantil pueden darse especialmente desde los 4 o 5 años, y esto se debe a cuestiones evolutivas. De todas formas, sí es indudable que el síndrome de Asperger se tiende a manifestar antes, en edades en las que sería extraño encontrar manifestaciones típicas de algún trastorno depresivo.
Con respecto al segundo punto, el cambio en el comportamiento de la persona afectada por la depresión supone que la condición clínica no sea crónica. Hay personas que padecen trastornos depresivos hasta donde llega su memoria, es decir, desde muy temprano. Existe la hipótesis de que algunos trastornos depresivos estarían arraigados en condiciones neurológicas de nacimiento, de tal forma que aquí no habría cambio de comportamiento alguno, ya que el patrón de síntomas o signos depresivos estaría establecido de antemano.
Referencia
Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Páginas 146, 147.
Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495
diego.fernandezc@pucp.edu.pe
La autora menciona dos aspectos que diferencian ambas condiciones: el primero tiene que ver con el inicio de las manifestaciones. Menciona que los trastornos depresivos tienden a manifestarse en la adolescencia, a diferencia del síndrome de Asperger, que se manifiesta en la infancia primaria. La segunda tiene que ver con el hecho de que el trastorno depresivo siempre supone un cambio en el comportamiento habitual de la persona.
Aquí cabría recalcar dos cosas: con respecto al primer punto, que los niños sí sufren trastornos depresivos. Los casos de depresión infantil pueden darse especialmente desde los 4 o 5 años, y esto se debe a cuestiones evolutivas. De todas formas, sí es indudable que el síndrome de Asperger se tiende a manifestar antes, en edades en las que sería extraño encontrar manifestaciones típicas de algún trastorno depresivo.
Con respecto al segundo punto, el cambio en el comportamiento de la persona afectada por la depresión supone que la condición clínica no sea crónica. Hay personas que padecen trastornos depresivos hasta donde llega su memoria, es decir, desde muy temprano. Existe la hipótesis de que algunos trastornos depresivos estarían arraigados en condiciones neurológicas de nacimiento, de tal forma que aquí no habría cambio de comportamiento alguno, ya que el patrón de síntomas o signos depresivos estaría establecido de antemano.
Referencia
Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Páginas 146, 147.
Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495
diego.fernandezc@pucp.edu.pe
12 jul 2016
Curso del trastorno por déficit de atención e hiperactividad
Pilar Martin Borreguero (2004) sintetiza el curso del TDAH mientras desarrolla el tema del diagnóstico diferencial con el síndrome de Asperger:
«(...) con respecto a la manifestación inicial y expresión del cuadro clínico, el niño hipercinético presenta un temperamento difícil y un nivel de inatención general e impulsividad elevada durante el periodo de la infancia temprana. También muestra un interés activo en el juego con otros niños, aunque a menudo tiene problemas de interacción social. Estas dificultades sociales son secundarias al patrón de inatención y consecuencia de una falta de internalización de las reglas necesarias para la autorregulación de la conducta (...).»
«(...) durante la segunda etapa de la infancia, el niño hipercinético continúa experimentando problemas severos de atención, los cuales tienden a afectar su rendimiento escolar de forma significativa. En el periodo de la adolescencia, la intensidad de los síntomas primarios de inatención disminuye, aunque se produce un incremento en las conductas antisociales. En la etapa adulta, los síntomas primarios tienden a desaparecer y una proporción alta de individuos se integra con éxito en la sociedad. Una minoría continúa experimentando un patrón de inatención e impulsividad excesivas y una incidencia alta de problemas psiquiátricos y conductas antisociales.»
Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Página 145.
«(...) con respecto a la manifestación inicial y expresión del cuadro clínico, el niño hipercinético presenta un temperamento difícil y un nivel de inatención general e impulsividad elevada durante el periodo de la infancia temprana. También muestra un interés activo en el juego con otros niños, aunque a menudo tiene problemas de interacción social. Estas dificultades sociales son secundarias al patrón de inatención y consecuencia de una falta de internalización de las reglas necesarias para la autorregulación de la conducta (...).»
«(...) durante la segunda etapa de la infancia, el niño hipercinético continúa experimentando problemas severos de atención, los cuales tienden a afectar su rendimiento escolar de forma significativa. En el periodo de la adolescencia, la intensidad de los síntomas primarios de inatención disminuye, aunque se produce un incremento en las conductas antisociales. En la etapa adulta, los síntomas primarios tienden a desaparecer y una proporción alta de individuos se integra con éxito en la sociedad. Una minoría continúa experimentando un patrón de inatención e impulsividad excesivas y una incidencia alta de problemas psiquiátricos y conductas antisociales.»
Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Página 145.
15 abr 2016
Lo común entre la adolescencia y la enfermedad mental
Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Página 188.
Etiquetas:
adolescencia,
Anna Freud,
neurosis,
psicoanálisis,
psicosis,
sexualidad
12 abr 2016
La necesidad de asimilación del adolescente
«El aislamiento y el alejamiento de los objetos amorosos sólo constituye una de las tantas tendencias en juego en las relaciones del adolescente con el objeto. En lugar de las fijaciones reprimidas a los objetos infantiles, surgen nuevas fijaciones de amor. A veces, el individuo se enamora de jóvenes de su misma edad, en cuyo caso la relación adquiere la forma de una amistad apasionada o de un total enamoramiento; otras, el afecto apunta a una persona de más edad, que adopta el carácter de guía y la real significación de un sustituto de los objetos parentales abandonados. Estas relaciones amorosas son apasionadas y exclusivas, pero breves. Las personas elegidas como objetos serán luego dejadas de lado y sustituídas por otras, sin consideración alguna. Los objetos abandonados se olvidarán rápida y completamente, pero el tipo de relación mantenida con ellos consérvase hasta en el más mínimo detalle, que generalmente se repite en el nuevo objeto, de una manera obsesivamente fiel.
Aparte de esta extraordinaria deslealtad para con el objeto de amor, en las relaciones objetales durante la pubertad observamos otra particularidad: el adolescente no desea tanto la posesión del objeto en el sentido corporal u ordinario del término. Su fin parece ser la mayor asimilación posible de la persona amada en ese momento.
La observación diaria nos demuestra la capacidad de la transformación del adolescente. En su manera de escribir, de hablar, de peinarse, de vestirse; en toda suerte de hábitos adáptase mucho más fácilmente en esta época que en cualquier otra de su vida. Una simple mirada sobre un adolescente a menudo descubre al amigo mayor admirado por él. Pero su capacidad de transformación va más lejos aún. Su filosofía de la vida, sus ideas religiosas y políticas cambian con el modelo, pese a lo cual muéstrase firme y apasionadamente persuadido de la consistencia de sus opiniones voluntariamente adoptadas.
(...) Son identificaciones de la especie más primitiva, tal como observamos durante las etapas precoces del desarrollo infantil, antes de que exista ningún objeto de amor. Así, la característica inconstancia de la pubertad no significa cambio interior alguno en el amor o en las convicciones del individuo, sino más bien una pérdida de su personalidad condicionada por el cambio en las identificaciones.»
Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Páginas 183 - 186.
Etiquetas:
adolescencia,
Anna Freud,
psicoanálisis
16 feb 2016
El yo adolescente y su relación con los objetos y con el superyó
Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Páginas 182 - 183.
7 feb 2016
Esfuerzos defensivos equivalentes a las fuerzas instintivas en la pubertad y en la adolescencia
Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Páginas 168 - 169.
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