Teoría y Técnica

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19 jun 2018

La concepción puramente física de la enfermedad puede servir a la represión

«Así como existen pacientes que experimentan la necesidad de una medicina integral de un modo conciente, no es menos cierto que tanto en ellos como en muchos otros, existe una fuerte tentación de concebir su enfermedad como un proceso puramente físico que no comprometa una significación que, por displacentera, ha sido reprimida.»

Referencia

Chiozza, Luis et al. (1979). El estudio patobiográfico como integración del conocimiento psicoanalítico con la práctica de la medicina general. Chiozza, Luis (2008). Obras completas. Tomo VIII. Buenos Aires, Argentina: Libros del Zorzal. Página 228.

13 sept 2017

Remordimientos


Ángel Garma (1974) decía que las personas que sufren de úlceras suelen ser bastante sarcásticas (del griego sakasmos, que significa "desgarrar carne") y experimentar envidia frente a las realizaciones ajenas, una envidia con mucha carga de tipo oral, como quien envidia el alimento que otro posee y disfruta.

Estos comportamientos, que irían dirigidos originalmente hacia la madre que frustra, siendo poseedora de lo que el sujeto desea (alimento), han sido reprimidos y prohibidos por su superyó. Asimismo, generan sentimientos de culpa, ya que, por introyecto cultural, no está bien sentir esto hacia la madre o hacia sus sustitutos, más bien hay que honrarla y quererla. Es así que el sujeto experimenta "remordimientos", se muerde, se digiere a sí mismo.

Debido a la preponderancia o fijación oral, esto podría materializarse en el soma digestivo, a fuerza de no sentir el verdadero correlato emocional de su experiencia. Esta materialización podría recalar en una úlcera, en donde el sujeto, literalmente, digiere sus propios tejidos, los corroe con sus fluidos gástricos, habiéndolos privado antes de su mucosidad protectora a través de mecanismos tróficos.


Las personas con úlceras podrían estar haciendo lo que las personas furiosas que se muerden los labios o aprietan los dientes, como mordiendo, frente a la impotencia de no poder concretar la agresión deseada. Análogamente, en la úlcera, la persona se muerde el estómago o el doudeno hasta "sacarse un bocado a sí mismo".

Referencia

Garma, Ángel (1974). Génesis psicosomática y tratamiento de las úlceras gástricas y duodenales. Barcelona, España: Paidos. Páginas 116, 117.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

12 ene 2017

Identificación proyectiva y contratransferencia

En la identificación proyectiva el paciente disocia un aspecto de su mente y lo proyecta en el analista. El paciente queda identificado con lo no proyectado, mientras que el analista se convierte en uno de sus aspectos inconscientes. En este proceso se genera una confusión en el paciente entre realidad externa y realidad interna.

Es aquí donde el analista debe contar con un estado psicológico que le permita involucrarse y, al mismo tiempo, liberarse del compromiso afectivo para transformarlo en una interpretación que devuelva al paciente lo proyectado. Todo lo que sucede en la sesión debe ser transformado en comprensión.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

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8 ene 2017

El análisis kleiniano


Los analistas kleinianos no están a la caza de lapsus, sueños o síntomas, sin dejar de tomarlos en cuenta si surgieran. Los analistas kleinianos intentan dejarse envolver en el clima emocional de la sesión, recibir las proyecciones, estar sensibles a la relación transferencial para, de todo ello, extraer la angustia prevalente y los mecanismos de defensa, ingredientes con los que se formulará la interpretación.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 132, 133.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

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La búsqueda de la integración

Cualquier medida técnica que favorezca la disociación obstaculiza la integración. Para evitar esto, es necesario que el terapeuta tolere la transferencia negativa. Por ejemplo, desplazar la hostilidad del paciente hacia figuras del pasado puede liberar la relación transferencial, así como también puede propiciar la idealización del terapeuta. Esto, según Melanie Klein, no ayuda al proceso de integración ni al logro de una mejor salud.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
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16 dic 2016

Defensas maníacas


Las defensas maníacas pueden surgir cuando el yo en posición depresiva sufre de sentimientos agobiantes de culpa y de pérdida. Estas defensas se caracterizan por la negación omnipotente de la realidad psíquica y conforman una tríada: triunfo, control omnipotente y desprecio.

Se considera que estos mecanismos son normales, como un primer paso para enfrentar los sentimientos depresivos. Pero si se da un fracaso en la elaboración de la posición y los objetos no pueden ser reparados, se produce una regresión a la posición esquizoparanoide o se establece un punto de fijación para la enfermedad maníaco depresiva.

Por ejemplo, en el análisis, ante una pausa por vacaciones del analista, el paciente puede restarle importancia al tema o decir que le viene bien para hacer cosas más urgentes o atractivas (triunfo). Mediante la defensa maníaca, el paciente busca negar que la pérdida puede dolerle. Asimismo, si se desvaloriza al objeto duele menos la pérdida y se evita también el dolor narcisista por haber sido dejado.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 125.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

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9 dic 2016

La posición depresiva

La posición depresiva constituye un momento clave para el desarrollo normal. Melanie Klein decía que esta se produce entre los 3 y los 6 meses, luego del desarrollo de la posición esquizoparanoide.

Características

La posición depresiva se caracteriza por:

1) Ansiedad depresiva: el yo siente culpa y temor por el daño causado al objeto amado.

2) Relación con un objeto total: se vincula con los aspectos buenos y malos de la madre. Ello implica un aumento de los procesos de integración.

3) Primacía de la reparación como mecanismo de defensa: el yo atiende y se preocupa por el objeto.

En esta configuración cambian los intereses narcisistas que buscaban proteger al yo de las amenazas persecutorias, y se transforman en intereses de cuidado y preservación de sus objetos, en una lucha constante entre los sentimientos de amor y de agresión.

Asimismo, los mecanismos de defensa son menos omnipotentes. Por ejemplo, a través de la reparación, el yo busca devolver la vida y la integridad a sus objetos dañados o perdidos. Se desarrolla tolerancia al dolor psíquico y se siente culpa por las fantasías agresivas. Hay sentimientos de amor y dependencia hacia los padres, a la vez que sentimientos de desamparo y celos por no ser ellos de su total propiedad.

Gracias a los procesos de integración, el vínculo del yo con el exterior es más realista, menos distorsionado, donde se discrimina mejor entre fantasía y realidad, así como entre realidad externa e interna.

Psicopatología relacionada

En lo concerniente a la psicopatología, la posición depresiva sería el punto de fijación para la enfermedad maníaco depresiva.

Esta posición tiene relación con los proceso de duelo. Cada pérdida reactiva la pérdida de la madre de la posición depresiva infantil. Las posibilidades de recuperación y de afrontamiento del duelo dependen de cómo se resolvió la posición depresiva infantil.

Resolución del complejo de Edipo temprano

La capacidad del yo para controlar sus impulsos no es el resultado de la amenaza externa (ansiedad de castración) sino del control y la renuncia derivados de los sentimientos amorosos. De esta manera, la resolución del complejo de Edipo temprano no proviene solo de la censura de los padres, sino del deseo del niño de preservar su unión como pareja.

La posición depresiva como configuración del psiquismo

Es necesario pensar en la posición depresiva no como un estadio de desarrollo, sino como una configuración psíquica que se repite durante la vida frente a situaciones de pérdida y que debe resolverse.

Alternancia con la posición esquizoparanoide

El individuo tiene opciones para hacer frente a cada situación. Su comportamiento dependerá de la prevalencia de su narcisismo (posición esquizoparanoide) o de la preocupación por sus objetos (posición depresiva).

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 122 - 124.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
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Esta entrada se complementa con: La posición esquizoparanoide

21 oct 2016

Negación


«Es un mecanismo omnipotente por el cual la mente niega la existencia de objetos persecutorios, que disocia y proyecta en el exterior. Al mismo tiempo, el yo se identifica con los objetos internos idealizados, con los que contrarresta la amenaza persecutoria.

La idea de negación en [la obra de Melanie] Klein describe un mecanismo violento y primitivo, se niegan los impulsos y fantasías de la realidad psíquica tanto como los objetos que perturban en la realidad externa, a los que se considera inexistentes.»

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 122.

19 oct 2016

Idealización


«Es un mecanismo característico de la posición esquizo-paranoide. Se aumentan los rasgos buenos y protectores del objeto bueno o se le agregan cualidades que no tiene. Constituye una defensa del yo para protegerse de una excesiva persecución, manteniendo a la vez la disociación entre objetos idealizados y persecutorios. Por lo tanto, siempre que haya en un paciente la necesidad de idealizar, se estará protegiendo de un sentimiento de angustia.


(...)

En Klein, los problemas que resultan de la idealización se resuelven con la elaboración de la posición depresiva. Los objetos finalmente no son ni tan buenos ni tan malos como lo propone el sistema de valores de la posición esquizo-paranoide.»


Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 121, 122.

15 oct 2016

Identificación proyectiva

Melanie Klein definió la identificación proyectiva como un mecanismo que permite deshacerse de aspectos malos y buenos de uno mismo (uno podría requerir proyectar aspectos buenos con el fin de protegerlos de los aspectos malos, o para volver a recibirlos).


Bleichmar y Lieberman ponen el ejemplo de una paciente depresiva que encontraba aspectos maravillosos en cada persona que se le acercaba. Esto, a su vez, le daba material para compararse y acabar denigrada y sin nada que valga la pena en ella misma.

Cuando este mecanismo es utilizado en exceso el yo se debilita y queda supeditado a una dependencia del otro. En su uso saludable resulta ser un fenómeno normal que da base a la empatía y a la posibilidad de que las personas se comuniquen con comprensión. Para Klein, lo esencial que determina su uso normal o patológico está en el predominio del amor o del odio en la disociación.

Este mecanismo fue el instrumento teórico que usaron los analistas kleinianos para abordar el análisis de los pacientes psicóticos o fronterizos. Así consiguieron profundizar en estos fenómenos psicopatológicos sin modificar la técnica analítica.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 119 - 121.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

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14 oct 2016

Introyección

Los primeros objetos del ser humano se forman por introyección, así como el yo y el superyó. Según Melanie Klein, los objetos introyectados nunca son fieles a los objetos externos, más bien están deformados por la proyección. Lo que no queda claro es cuál es el criterio para que los objetos introyectados pasen a formar parte del yo o del superyó.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 118.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
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13 oct 2016

Disociación

«La disociación es la respuesta del yo frente a la angustia persecutoria. Permite que se efectúe una primera división bueno-malo de los objetos externos e internos; son defensas útiles y necesarias para favorecer la organización de las primeras estructuras de la mente, que luego podrán integrarse paulatinamente. Si este proceso de disociación fracasa, se producen fenómenos de desintegración y fragmentación y un desarrollo patológico de la posición esquizo-paranoide, base para enfermedades psicóticas posteriores.

La disociación de los objetos se acompaña inexorablemente de una disociación del yo. Es una defensa necesaria para proteger al yo débil de una ansiedad persecutoria excesiva. Se aplica a los objetos y también a estructuras y fantasías. Sirve para separar lo bueno de lo malo, pero también lo interno de lo externo y la realidad de la fantasía. La disociación del objeto posibilita que se constituya el primer objeto bueno interno como el  núcleo del yo y del superyó. Se debe poder disociar suficientemente el objeto malo, para que el aspecto bueno idealizado del objeto y del self puedan establecer una relación segura dentro del yo. Cuando las ansiedades persecutorias descienden, la disociación disminuye y se produce un empuje hacia la integración de los objetos y del yo. Esto constituye la entrada a la posición depresiva. El conflicto mental queda así definido como una lucha constante entre la posibilidad de disociar y de integrar los objetos fuera y dentro del self

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 117.

2 oct 2016

Origen de la proyección

«La proyección aparece primero ligada a la pulsión de muerte, cuya amenaza de destrucción interna se contrarresta al ser expulsada fuera del sujeto. Esta proyección de agresión y de libido permite que se constituyan los objetos parciales pecho bueno y pecho malo. El concepto de proyección se enriquece con la descripción de la identificación proyectiva como mecanismo básico.»

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 116, 117.

22 sept 2016

Fracaso en la elaboración de la posición esquizoparanoide

Los mecanismos de defensa propios de la posición esquizoparanoide son indispensables para que el yo del bebé pueda soportar la ansiedad persecutoria. Estos mecanismos son muy intensos, extremos y de características omnipotentes, muy similares a los procesos psicóticos; de hecho, los procesos psicopatológicos de índole psicótica encontrarían aquí sus puntos de fijación.

Melanie Klein precisa que, si los temores persecutorios son demasiado intensos, fracasará la elaboración de la posición esquizoparanoide, lo que refuerza la ansiedad persecutoria y establece puntos de fijación para el desarrollo de futuras psicosis.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 114, 115.


Diego Fernández Castillo
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16 sept 2016

La posición esquizoparanoide

Melanie Klein observó que los niños, en sus juegos y en sus fantasías, podían partir en dos a un objeto, separarlo en una parte totalmente buena y otra completamente mala. A esto Klein le llamó "mecanismo de disociación".

Más adelante, este mecanismo formaría parte de la concepción de la posición esquizoparanoide, que está constituida por:

1) Ansiedad persecutoria: el yo se siente atacado.

2) Relación de objeto parcial con un pecho idealizado y otro persecutorio, percibidos totalmente disociados y excluyentes.

3) Uso de mecanismos de defensa intensos y omnipotentes, como la disociación, la identificación proyectiva, la introyección y la negación.

Para Klein hay un yo incipiente desde el nacimiento; no hay una indiferenciación caótica entre el bebé y el mundo externo; por el contrario, hay cierta organización (un yo), que es la responsable de que el bebé sienta angustia, de que sea posible una relación con un primer objeto y que se establezcan mecanismos de defensa.

La angustia persecutoria, por su parte, tendría un origen interno (pulsión de muerte) y otro externo (experiencia traumática del parto y todas las vivencias frustrantes). La pulsión de muerte es proyectada en el primer objeto externo, el pecho materno. Esta se expresa a través de fantasías en las que el bebé devora y/o ataca con excrementos al pecho y al cuerpo maternos. Esto provoca en el bebé un terror a ser devorado y envenenado. Pero también se proyectan las pulsiones libidinales. Esto genera la disociación del pecho (pecho bueno, al que se asocia toda experiencia gratificante, y pecho malo, al que se asocian todas las frustraciones y temores), así como la disociación de sí mismo y del mundo externo.

Se establece también una dinámica de proyección - introyección constante entre lo externo y lo interno. Este funcionamiento experimenta una evolución conforme avanza el desarrollo: sobrevienen momentos de integración de los objetos disociados y la introyección de lo bueno fortalece al yo y le permite tolerar la ansiedad hasta que no sea necesario proyectarla. Al disminuir la ansiedad persecutoria, aumentan los procesos de integración. Es así como se produce el pasaje a la posición depresiva.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 111, 112.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
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31 ago 2016

Desarrollo del superyó según Melanie Klein

Sigmund Freud definió al superyó como una estructura intrapsíquica que se desarrolla al finalizar el complejo de Edipo (hacia los cinco años), y que estaría formada por la internalización de las normas y prohibiciones parentales, especialmente las referidas al deseo sexual del progenitor del sexo opuesto. Es por esto que se considera al superyó como "heredero" del complejo de Edipo.


Ahora bien, la observación de los sentimientos de culpa de niños más pequeños (dos años en adelante) llevó a Melanie Klein a proponer la existencia del superyó desde antes de lo indicado por Freud. Este superyó temprano fue descrito por Klein como excesivamente sádico y cruel, dado que se proyectaban en él los impulsos sádicos del niño.

Posteriormente, Klein adelantaría el desarrollo del superyó al primer año de vida. El superyó se formaría en las primeras identificaciones del niño con el objeto materno, que sería introyectado canibalísticamente. Recordemos que hacia los 6 meses el niño pasa por una fase de sadismo máximo, que coincide con la dentición y el destete.

De esta forma, Klein afirmaba que el superyó no se formaba al final del complejo de Edipo, sino al inicio del mismo. Así, serían las características del superyó las que determinarían el desenlace edípico y no al revés, como pensaba Freud.

En 1935, Klein separa definitivamente el desarrollo del superyó del complejo de Edipo y postula que su origen estaría en el comienzo de la vida del individuo, formado por la introyección de dos objetos opuestos, uno protector y benevolente (objeto parcial idealizado) y otro punitivo (objeto parcial persecutorio).

Esta nueva propuesta está conceptualmente incluida en el contexto de la teoría de las posiciones y, por tanto, su desarrollo e integración va a depender de lo que suceda con la posición depresiva. De esta manera, el objeto parcial idealizado se constituirá en el núcleo de lo que más adelante será el ideal del yo, y este, a su vez, se construye en la posición depresiva.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 105, 106.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
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30 ago 2016

Figura combinada de los padres

«El niño fantasea que sus padres están unidos en una forma permanente e inacabable, compartiendo satisfacciones orales, anales y genitales. Los celos y la envidia producen deseos de atacar el cuerpo de la madre con el pene del padre adentro, se forman por proyección imágenes persecutorias que producen gran ansiedad. Klein las descubrió tanto en el juego infantil como en las pesadillas y terrores nocturnos. La fantasía de la madre fálica (mujer con pene) es para ella una versión de esta figura parental combinada.»

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 104.

8 ago 2016

Panorama general de la obra de Melanie Klein

La producción de Melanie Klein puede dividirse en tres etapas:

- Primera etapa (1919 - 1932): inicia la técnica del juego para el análisis de niños; resalta la importancia de la agresión en el desarrollo; y plantea las hipótesis de la transferencia en el análisis de niños, del complejo de Edipo temprano y del superyó precoz.

- Segunda etapa (1932 - 1946): formula la teoría de las posiciones; describe a la mente como un espacio poblado de objetos internos en interacción con objetos externos, a través de los mecanismos de proyección e introyección; investiga acerca de la identificación proyectiva; trabaja con pacientes psicóticos y fronterizos; y modula la importancia de la agresión proponiendo una lucha pulsional entre sentimientos de amor y odio.

- Tercera etapa (1946 - 1960): refuerza el aspecto constitucionalista de su teoría, centrándose en el concepto de envidia primaria.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 98, 99.


Diego Fernández Castillo
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21 jul 2016

Origen de los conceptos planteados en la obra de Melanie Klein

Melanie Klein empezó haciendo análisis con niños, introdujo la técnica del juego e insistió en la necesidad de que a los niños había que analizarlos de forma análoga a como se haría en el análisis de adultos, es decir, absteniéndose de medidas educativas o de apoyo.

Fue así que Klein pudo observar que los niños también desarrollan neurosis de transferencia, lo que, a su vez le permitió definir conceptos como complejo de Edipo temprano, superyó temprano, mecanismos de defensa primitivos o relación de objeto.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 94.


Diego Fernández Castillo
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20 abr 2016

La combinación del yo y del ello para la producción de los mecanismos de defensa

«En qué medida seguirá el yo en la defensa instintiva sus propias leyes, y en qué magnitud se dejará determinar por el carácter del propio instinto, es un problema que acaso nos será más fácilmente comprensible si lo comparamos con un proceso de naturaleza análoga: la deformación onírica. La transformación de los pensamientos latentes del sueño en sueño manifiesto cúmplese a exigencias de la censura que reemplaza al yo en el sueño. Sin embargo, el trabajo del sueño en sí mismo no es ejecutado por el yo. La capacidad de condensación, desplazamiento, así como el uso de los diversos y extraños medios de representación onírica, son propiedades del ello, que son utilizadas con el simple propósito de la deformación. De la misma manera, los métodos de defensa tampoco son puras producciones del yo. En tanto éstos influyen en el proceso instintivo sírvese también de las propiedades del instinto. El designio del yo de alejar el objeto instintivo de lo verdaderamente sexual a fin de dirigirlo a un objeto socialmente estimado como más valioso puede ejecutarse, por ejemplo, empleando meramente el desplazamiento de los procesos instintivos , o un mecanismo de sublimación. Al asegurar la represión mediante la formación reactiva el yo se vale de la capacidad del instinto para la conversión en lo contrario. Cabe conjeturar que la solidez de un proceso defensivo que cuente con este doble apoyo depende, por un lado, del yo, y por el otro, de la naturaleza del proceso instintivo.»

Freud, Anna (s.f.).
El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Página 192.