Teoría y Técnica

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19 jul 2016

Síndrome de Asperger y esquizofrenia


Pilar Martin Borreguero (2004) recuerda, en primer lugar, que no existe un continuo entre la esquizofrenia y el autismo, como se pensaba anteriormente. De hecho, recalca, la incidencia de la esquizofrenia en personas con el síndrome de Asperger no es más alta que en la población normal.
La autora recuerda también que es infrecuente, aunque no imposible, que la esquizofrenia se inicie en la niñez. De ser así, generalmente, dicho inicio se da a partir de los 9 años.

Hay una similitud superficial en las manifestaciones de ambos trastornos. Así, los monólogos de las personas con síndrome de Asperger pueden parecer incoherentes o desorganizados, como el lenguaje de las personas con esquizofrenia. Aquí habría que recordar que esta impresión procedería del déficit en la comunicación pragmática (o uso social del lenguaje) y no de un trastorno del pensamiento, como se daría en el caso de la esquizofrenia.

Asimismo, la falta de expresión emocional y el afecto aplanado, en el caso del síndrome de Asperger, se originan en la incapacidad para comprender y usar las pautas de comunicación no verbal. Las personas con síndrome de Asperger también pueden hablar solas, adoptar personalidades imaginarias o escenificar episodios previamente aprendidos, por ejemplo de vídeos. Esto podría confundirse con alucinaciones o delirios, propios de la esquizofrenia. Se puede dar otra fuente de confusión en situaciones de estrés intenso: el individuo con síndrome de Asperger puede experimentar ideas de referencia.

Finalmente, puede llevar a confusión la tendencia de las personas con síndrome de Asperger a interpretar literalmente los mensajes. Por ejemplo, si se le pregunta si oye voces cuando no hay personas presentes, podría responder que sí, refiriéndose a las voces de las personas que están en otras habitaciones o en la calle.

Referencia

Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Páginas 148 - 150.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

18 jul 2016

Síndrome de Asperger y trastorno obsesivo compulsivo


«Aunque el trastorno obsesivo compulsivo puede manifestarse asociado al síndrome de Asperger, ambos trastornos son condiciones clínicas claramente independientes y pueden diferenciarse fácilmente (...). En primer lugar, la manifestación inicial del trastorno obsesivo compulsivo acontece en una etapa posterior a la expresión inicial del síndrome de Asperger. En segundo lugar, el niño o adulto afectado con el síndrome de Asperger no experimentan sus obsesiones como irrazonables o como una fuente de angustia, sino que se entregan a ellas con entusiasmo al obtener placer y disfrutar de su realización. En tercer lugar, mientras que los problemas sociales característicos del trastorno obsesivo compulsivo proceden de la necesidad que el individuo experimenta de completar sus rituales conductuales prolongados, las dificultades sociales del individuo con el síndrome de Asperger proceden de la existencia de un déficit innato en las áreas de la comprensión social y desarrollo emocional.»

Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Página 148.

15 jul 2016

Síndrome de Asperger y trastorno de ansiedad social


«El trastorno de ansiedad o fobia social es (...) otra condición clínica, cuyo solapamiento sintomático puede convertirse en una fuente de errores de diagnóstico. (...) la fobia social se caracteriza por un marcado y persistente miedo a las situaciones en las que la persona debe exponerse al escrutinio de gente desconocida y teme hacer o decir algo que sea humillante o vergonzoso.

El niño con el síndrome de Asperger a menudo manifiesta una gran preocupación y temor ante las situaciones sociales novedosas, pero, a diferencia del niño con la fobia social, también muestra problemas con la interacción social en situaciones conocidas y familiares. Asimismo, y al igual que pasaba con el trastorno afectivo, el niño no tiende a manifestar los síntomas asociados a la fobia social hasta los primeros años de la adolescencia. Esto sin duda contrasta con la manifestación mucho más temprana del trastorno social asociado al síndrome de Asperger. Por último, el niño afectado por el trastorno de ansiedad social no presenta el patrón restringido de intereses obsesivos y conductas repetitivas, típicas del niño con el síndrome de Asperger (...).»

Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Página 147.

14 jul 2016

Síndrome de Asperger y trastornos depresivos

Pilar Martin Borreguero (2004) nota que algunos de los signos o síntomas de los trastornos depresivos pueden llevar a confusión con respecto al síndrome de Asperger, por ejemplo, en cuanto al retraimiento, a la falta de interés social, al humor decaído, a la falta de respuestas emocionales o al afecto aplanado.


La autora menciona dos aspectos que diferencian ambas condiciones: el primero tiene que ver con el inicio de las manifestaciones. Menciona que los trastornos depresivos tienden a manifestarse en la adolescencia, a diferencia del síndrome de Asperger, que se manifiesta en la infancia primaria. La segunda tiene que ver con el hecho de que el trastorno depresivo siempre supone un cambio en el comportamiento habitual de la persona.

Aquí cabría recalcar dos cosas: con respecto al primer punto, que los niños sí sufren trastornos depresivos. Los casos de depresión infantil pueden darse especialmente desde los 4 o 5 años, y esto se debe a cuestiones evolutivas. De todas formas, sí es indudable que el síndrome de Asperger se tiende a manifestar antes, en edades en las que sería extraño encontrar manifestaciones típicas de algún trastorno depresivo.

Con respecto al segundo punto, el cambio en el comportamiento de la persona afectada por la depresión supone que la condición clínica no sea crónica. Hay personas que padecen trastornos depresivos hasta donde llega su memoria, es decir, desde muy temprano. Existe la hipótesis de que algunos trastornos depresivos estarían arraigados en condiciones neurológicas de nacimiento, de tal forma que aquí no habría cambio de comportamiento alguno, ya que el patrón de síntomas o signos depresivos estaría establecido de antemano.

Referencia

Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Páginas 146, 147.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

13 jul 2016

Síndrome de Asperger y trastorno de la Tourette


«Aunque es fácil distinguir el trastorno de la Tourette del síndrome de Asperger en función de las diferencias notables en la manifestación de los cuadros sintomáticos, es importante tener en cuenta que la incidencia de este trastorno neurológico en los niños con el síndrome de Asperger es más alta que la esperada. Este hecho tendría implicaciones importantes para el tratamiento clínico.»

Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Página 146.

6 jul 2016

Síndrome de Asperger y TDAH


Pilar Martin Borreguero (2004) recuerda que el síndrome de Asperger y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se presentan frecuentemente asociados. Muchas veces, la falta de atención y la hiperactividad encubren los déficits sociales del síndrome de Asperger. Esto tendría implicaciones importantes en el tratamiento. Aquí el diagnóstico diferencial es tan crítico como la capacidad de los profesionales para darse cuenta de la posibilidad de que ambas condiciones clínicas se estén dando simultáneamente en el paciente.

Referencia

Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Páginas 143, 144.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

29 jun 2016

Trastorno del aprendizaje no verbal y síndrome de Asperger

El trastorno de aprendizaje no verbal, o trastorno del hemisferio cerebral derecho, es un cuadro neuropsicológico en el que el niño presenta un estilo idiosincrático de interacción social, déficits en la organización visoespacial, en la coordinación motora, en la resolución de problemas no verbales y en la percepción táctil. Conductualmente, presenta problemas para adaptarse de manera flexible a las situaciones complejas o novedosas, lo que origina, a su vez, dificultades de adaptación social. También hay dificultades en la percepción de las manifestaciones de lenguaje no verbal, lo que es determinante para el éxito de las interacciones con los demás. Asimismo, como una suerte de compensación, los niños con este trastorno muestran con frecuencia una avanzada capacidad verbal y una buena memoria auditiva.

Pilar Martin Borreguero (2004) resalta la similitud entre este trastorno y el síndrome de Asperger. De hecho, dice la autora, en las investigaciones se puede ver cómo una "alta proporción" de individuos con síndrome de Asperger muestran las mismas deficiencias neuropsicológicas correspondientes al trastorno del aprendizaje no verbal. Esto lleva a Martin Borreguero a afirmar la alta probabilidad de que este trastorno sea en realidad un término alternativo para describir, en un nivel cognitivo, al síndrome de Asperger.

Referencia

Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Página 143.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

10 jun 2016

Trastorno de la personalidad esquizoide y síndrome de Asperger

«Según la definición propuesta por la Asociación Psiquiátrica Americana (1994), el trastorno de la personalidad esquizoide se caracteriza por un déficit generalizado y severo de la capacidad de un individuo para establecer y mantener relaciones interpersonales. El déficit social se exhibe particularmente en la capacidad disminuida del joven para relacionarse socialmente con otros, así como en la restringida gama de pautas expresivas y respuestas emocionales manifestadas. Asimismo, es característico del joven experimentar un sentimiento de malestar a la hora de participar en situaciones de interacción social.

Sin lugar a dudas, las alteraciones conductuales descritas presentan una similitud sorprendente con los síntomas asociados al síndrome de Asperger. Dada dicha afinidad, ¿es posible llevar a cabo un proceso de diagnóstico diferencial entre ambas condiciones clínicas? ¿Es el concepto diagnóstico del trastorno de la personalidad esquizoide de una utilidad clínica superior al término del síndrome de Asperger?

(...)

En la actualidad, si bien la controversia sobre la validez de la diferenciación entre la personalidad esquizoide y el síndrome de Asperger todavía persiste, Wolff (2000) ha sugerido la posibilidad de que la personalidad esquizoide se sitúe en un extremo del espectro autista donde se mezclaría con las variaciones normales de la personalidad. El niño esquizoide presentaría un cuadro sintomático cualitativamente similar al del niño con el síndrome de Asperger, pero de menor severidad, por lo que el pronóstico sería significativamente más positivo, en lo que se refiere a la independencia, la probabilidad de matrimonio y éxito del individuo en el mercado laboral.»

Martín Borreguero, Pilar (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid, España: Alianza Editorial. Páginas 138-140.

Referencias consignada por la autora

American Psychiatric Association (1994): Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV) (4a ed.). Washington DC: Author.

Wolff, S. (2000): "Schizoid Personality in Childhood and Asperger Syndrome". En A.Klin, F.R.Volkmar y S.S.Sparrow (eds.), Asperger Syndrome (págs. 278 - 305). Nueva York: Guilford Press.