Teoría y Técnica

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11 jun 2018

Claves de inervación


«Cada emoción distinta es un movimiento vegetativo, que proviene de una excitación nerviosa que se realiza de una manera típica, determinada filogenéticamente por una huella mnémica inconciente, por un "registro" motor y sensorial heredado, que corresponde a lo que Freud denominó "clave de inervación".»

Referencia

Luis Chiozza y colab. (1993). Los sentimientos ocultos en... hipertensión esencial, trastornos renales, litiasis urinaria, hipertrofia de próstata, várices hemorroidales, esclerosis, enfermedades por autoinmunidad. Buenos Aires, Argentina: Alianza Editorial. Página 238.

23 abr 2018

Los afectos entendidos como síntomas normalizados


Freud decía que los ataques histéricos serían algo similar a "afectos neoformados". El afecto normal, en cambio, sería una suerte de ataque histérico normal, hereditario, perteneciente directamente al ámbito de la filogenia.

Esto quiere decir que los afectos serían reminiscencias, un modo de recordar sucesos que se mantienen fuera de la consciencia y que, en su momento, estuvieron justificados por su adecuación a una finalidad.

En la práctica psicoanalítica de la época de Freud, para explicar un ataque histérico, era necesario buscar, en la historia de la persona, un momento en el que los movimientos, ahora histéricos, sí estaban justificados.

Del mismo modo, «cuando un sujeto se enoja, (...) se pone colorado, aumenta su presión sanguínea y circula más sangre por sus músculos, es porque lo que es hoy una discusión era, en el pasado remoto, una pelea física para la cual tenían sentido esos cambios corporales (...)» (Chiozza y colaboradores, 1993, página 202).

Esto permitiría entender a los afectos como síntomas normalizados. Mientras más ineficaces sean (a diferencia de la acción específica sobre el mundo exterior, que se dirige a satisfacer la necesidad) más podrían ser entendidos de esa manera.

Referencia

Luis Chiozza y colab. (1993). Los sentimientos ocultos en... hipertensión esencial, trastornos renales, litiasis urinaria, hipertrofia de próstata, várices hemorroidales, esclerosis, enfermedades por autoinmunidad. Buenos Aires, Argentina: Alianza Editorial. Páginas 202, 203.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

21 abr 2018

Origen y significado de las claves de inervación

«(...) Freud afirma que la agencia representante de la pulsión consta de dos elementos: a) la representación o idea, y b) el factor cuantitativo o energía pulsional que inviste la representación, y que denomina "monto de afecto" o "suma de excitación"» (Chiozza y colaboradores, 1993, página 200).

Existen ideas o representaciones inconscientes, mas no se puede hablar de "afectos inconscientes", ya que el afecto es un proceso de descarga que se da en el presente y que su realización, en última instancia, es experimentada como sensación somática o sentimiento.

Si hablamos de un "afecto inconsciente", en realidad nos estaríamos refiriendo a una disposición potencial a la realización del afecto, que constituye las "formaciones de afecto", y que también podemos llamar "estructura afectiva disposicional inconsciente".

Ahora bien, el afecto, como actualidad, está conformado por:

1) Determinadas inervaciones o descargas motrices (inervación secretora y vasomotriz)

2) Sensaciones de dos tipos:
  • Percepción de los fenómenos ocurridos
  • Una gama de posibles sensaciones entre los extremos de placer y displacer: estas otorgan al afecto su tono dominante.

Los afectos son actos motores o secretores que se realizan en el cuerpo. Esto los diferencia de las acciones, que se realizan sobre los objetos del mundo exterior. Freud consideraba que los afectos poseen una clave de inervación ubicada en las ideas inconscientes. Cabe recalcar que, en medicina, la palabra "inervación" denota una distribución anatómica de los nervios, mientras que Freud la utiliza también para referirse a la transmisión de energía a un sistema de nervios eferentes que tiende a la descarga. La palabra "clave" hace referencia a que tal descarga se realiza de acuerdo a una configuración determinada.

Referencia

Luis Chiozza y colab. (1993). Los sentimientos ocultos en... hipertensión esencial, trastornos renales, litiasis urinaria, hipertrofia de próstata, várices hemorroidales, esclerosis, enfermedades por autoinmunidad. Buenos Aires, Argentina: Alianza Editorial. Páginas 200-203.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495
diego.fernandezc@pucp.edu.pe


15 abr 2018

Afecto, emoción y sentimiento

«(...) Freud parece emplear indistintamente los términos afecto, emoción y sentimiento. Sin embargo, su distinta denominación parece aludir a matices que los diferencian» (Chiozza, 1993; página 200).

Afecto

«La etimología señala que el término "afecto" deriva del latín afficere, "influir, obrar sobre alguno", "afectar" (...). Un "afecto" es, entonces, en primera instancia, algo que "afecta" al yo. Cuando el afecto, por la deformación de la clave mediante la cual se descarga, no puede ser reconocido como tal, suele ser percibido por la conciencia como una "afección" somática, privada de su significado emotivo (...)» (Chiozza, 1993; páginas 200, 201).

Emoción

«La palabra emoción proviene del francés emouvoir, que significa "conmover", (...) que implica una acción sobre el mundo exterior, o puede referirse al movimiento afectivo que, como conmoción neurovegetativa, recae sobre el yo» (Chiozza, 1993; página 201).

Sentimiento

«El término "sentimiento" deriva del latín sentire, que condensa los significados de "sensación", "percibir a través de los sentidos" y "darse cuenta de algo", "pensar, opinar" (...). Pensamos que, en un sentido más restringido, la palabra "sentimiento" designa a los afectos que, atemperados por los procesos de pensamiento, llegan a la conciencia y allí reciben un nombre» (Chiozza, 1993; página 201).

Referencia

Luis Chiozza y colab. (1993). Los sentimientos ocultos en... hipertensión esencial, trastornos renales, litiasis urinaria, hipertrofia de próstata, várices hemorroidales, esclerosis, enfermedades por autoinmunidad. Buenos Aires, Argentina: Alianza Editorial. Páginas 200, 201.

10 mar 2018

La clave de inervación y los fenómenos somáticos


Luis Chiozza (1975) nos dice, recordando a Freud, que los sentimientos inconscientes vendrían a ser en realidad disposiciones potenciales, de ahí justamente su carácter inconsciente. Por tanto, no son, en realidad, afectos o sentimientos per se, sino una disposición inconsciente a un determinado afecto.

Estas disposiciones solo se convierten en afectos, propiamente dichos, cuando se actualizan en un proceso de descarga.

Clave de inervación

La clave de inervación se define como aquello que determina la cualidad propia de cada afecto, la forma, la manera en que se da la descarga.

Chiozza pone el ejemplo de una mamá que juega con su hijo mayor. Esta mamá deja de jugar, toma al hijo menor en brazos y le da de lactar. Entonces el hijo mayor toma un vaso de la mesa y lo rompe.

En este ejemplo, la disposición potencial a los celos se actualiza en una descarga, como consecuencia de lo acaecido en el campo o contexto. Esta descarga, la acción motora de tomar el vaso y romperlo, es la clave de inervación de los celos inconscientes. Alrededor de este punto puede surgir o no un sentimiento o una idea consciente, el niño podría o no darse cuenta de que siente celos, dependiendo de la acción de otras variables (sistema defensivo, por ejemplo).

Lo somático

De acuerdo a lo anterior, se puede entender a las diferentes funciones, formas, desarrollos y trastornos somáticos como actualizaciones particulares de diferentes disposiciones inconscientes a diferentes afectos. Dicho de otro modo, se puede entender a los fenómenos somáticos como claves de inervación.

Lo peculiar de estos es que ocurren en el soma y "en lugar de" un afecto o de un posible sentimiento o idea consciente al respecto, los que habrían constituido, de hecho, otra clave de inervación.

Esta comprensión del concepto de "clave de inervación" y de cómo los fenómenos somáticos pueden ser entendidos como una forma particular del mismo, vendría a ser un punto fundamental introductorio para la comprensión y desarrollo de toda la medicina psicosomática.

Referencia

Chiozza, Luis (1975). Nota editorial. Eidon (Revista del Centro de Investigación en Medicina Psicosomática). Año 1, (3), páginas 7-13.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

2 sept 2016

El complejo de Edipo según Melanie Klein

 
Diferencias con la concepción freudiana

En primer lugar, Melanie Klein ubica el inicio de esta configuración en los primeros meses de vida del niño. Un segundo aspecto diferencial tiene que ver con el hecho de que Klein considera al complejo de Edipo como el organizador de las pulsiones genitales durante todo el desarrollo infantil, ampliando su duración y la cantidad de fenómenos relacionados.

Primera concepción

Klein describe cómo el bebé desea entrar en el pecho y en el cuerpo de la madre para morder, destruir, ensuciar y/o robar su contenido (fase femenina), generando ansiedades persecutorias como consecuencia. Para calmarlas, el niño buscaría incorporar el pene paterno, un objeto nuevo que podría amortiguar la ansiedad que genera la relación diádica con la madre, además de calmar la frustración oral provocada por esta. De esta manera el niño ingresaría en la tríada edípica.

Con respecto a la escena primaria, las fantasías dependerían del tipo de ansiedad predominante. Por ejemplo, el coito parental sería fantaseado como un intercambio de alimentos si la ansiedad es predominantemente oral, o como actos excretorios si es anal. A todo esto se sumarían deseos agresivos y libidinales, así como cambios entre un Edipo positivo y un Edipo negativo. En el desarrollo normal, el resultado final tendría que llevar a una elección heterosexual sustentada en pulsiones genitales.

Segunda concepción

En 1945 Klein acomoda este concepto al desarrollo de la teoría de las posiciones, de tal manera que ya no serían las frustraciones orales ni los impulsos relacionados con la fase femenina los que desencadenarían el deseo edípico, sino más bien el ingreso a la posición depresiva, en donde los sentimientos de amor hacia los padres impulsan al niño a la búsqueda de nuevos objetos.

En esta concepción, el complejo se resuelve en la medida en que predomina el amor por los padres y el deseo de mantenerlos juntos e indemnes. Esto llevaría a la renuncia del deseo edípico y al control de los impulsos agresivos. A diferencia de la concepción freudiana, el complejo no se resuelve por imposición cultural, ni por la amenaza de castración, ni por la ley, sino por la lucha interna entre los impulsos agresivos y de amor hacia los padres.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 107 - 109.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

1 sept 2016

Hay que tener cuidado al leer a Melanie Klein


«En el Edipo de los primeros meses de vida las fantasías del niño sobre el coito de los padres se construyen con objetos parciales. No son los padres, como objetos totales, los que constituyen la escena primaria, tal como sucede en la teoría freudiana. Para Klein la escena primaria transcurre, en la fantasía del niño, dentro del cuerpo de la madre; el bebé ubica el pene del padre dentro del cuerpo materno.

Es importante hacer aquí una aclaración. Si tratamos de pensar estos procesos descriptos por Klein desde una perspectiva fenoménica o sobre la base de datos que tendría el niño pequeño a través de la percepción externa, estas hipótesis resultan incomprensibles. En cambio, si los independizamos de su ubicación cronológica y los estudiamos como fantasías que pueden explorarse en el inconciente de los pacientes tanto niños como adultos, nuestro campo de comprensión se enriquece mucho.»

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 108.

31 ago 2016

Desarrollo del superyó según Melanie Klein

Sigmund Freud definió al superyó como una estructura intrapsíquica que se desarrolla al finalizar el complejo de Edipo (hacia los cinco años), y que estaría formada por la internalización de las normas y prohibiciones parentales, especialmente las referidas al deseo sexual del progenitor del sexo opuesto. Es por esto que se considera al superyó como "heredero" del complejo de Edipo.


Ahora bien, la observación de los sentimientos de culpa de niños más pequeños (dos años en adelante) llevó a Melanie Klein a proponer la existencia del superyó desde antes de lo indicado por Freud. Este superyó temprano fue descrito por Klein como excesivamente sádico y cruel, dado que se proyectaban en él los impulsos sádicos del niño.

Posteriormente, Klein adelantaría el desarrollo del superyó al primer año de vida. El superyó se formaría en las primeras identificaciones del niño con el objeto materno, que sería introyectado canibalísticamente. Recordemos que hacia los 6 meses el niño pasa por una fase de sadismo máximo, que coincide con la dentición y el destete.

De esta forma, Klein afirmaba que el superyó no se formaba al final del complejo de Edipo, sino al inicio del mismo. Así, serían las características del superyó las que determinarían el desenlace edípico y no al revés, como pensaba Freud.

En 1935, Klein separa definitivamente el desarrollo del superyó del complejo de Edipo y postula que su origen estaría en el comienzo de la vida del individuo, formado por la introyección de dos objetos opuestos, uno protector y benevolente (objeto parcial idealizado) y otro punitivo (objeto parcial persecutorio).

Esta nueva propuesta está conceptualmente incluida en el contexto de la teoría de las posiciones y, por tanto, su desarrollo e integración va a depender de lo que suceda con la posición depresiva. De esta manera, el objeto parcial idealizado se constituirá en el núcleo de lo que más adelante será el ideal del yo, y este, a su vez, se construye en la posición depresiva.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 105, 106.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

19 ago 2016

Diferencias entre Melanie Klein y Sigmund Freud respecto de la sexualidad femenina


Melanie Klein consideraba que desde muy temprano hay un conocimiento inconsciente acerca de la diferencia de sexos. Por ejemplo, las niñas tienen sensaciones vaginales (no solo clitoridianas) y, tanto las niñas como los niños, poseen fantasías del coito entre los padres, incluyendo la función receptiva y de penetración de la vagina y del pene, respectivamente.

Esta concepción kleiniana es completamente diferente a la de Sigmund Freud, que creía que las niñas y los niños renegaban de la diferencia entre los sexos como una manera de eludir la angustia de castración. Para Klein, en cambio, ya en la fase oral, los niños y niñas, dirigen sus deseos sexuales hacia sus padres (complejo de Edipo temprano).

También Klein se distancia de Freud en cuanto a lo concerniente a la envidia del pene. Para Freud, la niña se ve castrada, siente envidia del pene y se decepciona de su madre por no habérselo dado. Esto hace que ella busque el pene del padre como sustituto, inaugurando así su complejo de Edipo.

En cambio, para Klein, la niña tiene deseos genitales tempranos que la llevan a querer internalizar el pene y recibir los bebés del padre. Esto precede al deseo de poseer el pene. Hay una búsqueda específicamente femenina, de tal forma que la envidia del pene sería secundaria a la ansiedad generada por sus órganos femeninos.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 100, 101.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

17 ago 2016

La fase femenina


«Los impulsos agresivos -pregenitales- se expresan, desde el comienzo de la vida, a través de fantasías inconcientes que están dirigidas hacia el cuerpo de la madre. Este es un primer espacio que puede ser diferenciado en forma primitiva por el bebé y representa para él el mundo externo. El niño tiene deseos de penetrar en dicho cuerpo y atacarlo sádicamente. En la fantasía infantil sus contenidos son destruidos originando la ansiedad más profunda tanto para la niña como para el varón. Klein designa con el nombre de fase femenina esta etapa, por la que atraviesan en su desarrollo todos los bebés. Tanto la ansiedad de castración en el varón como la amenaza de pérdida de amor en la mujer son derivados secundarios de la ansiedad persecutoria proveniente de la fase femenina. Cambia, por lo tanto, la idea de Freud de que el conflicto edípico (tardío) y la ansiedad de castración son el complejo modular de las neurosis. Al suponer Klein que en la fase femenina la curiosidad sexual está mezclada con el sadismo como contenido primario, varía la concepción freudiana de que la curiosidad está movida principalmente por los deseos libidinales y el principio del placer. El niño quisiera penetrar en el cuerpo materno para ver sus contenidos (imagina que hay heces, bebés y penes) y a la vez quiere apropiarse de ellos, robarlos y destruirlos. Estos impulsos están motivados tanto por el deseo de conocer (impulso epistemofílico) como por los celos destructivos, y son al mismo tiempo la expresión directa de pulsiones agresivas hacia la escena primaria parental. Más adelante en el pensamiento kleiniano, estas ideas se fundamentarán en la envidia primaria. La consecuencia de dichas fantasías será, si se proyecta al exterior, una angustia persecutoria intensa como amenaza de destrucción física, emocional y sexual. Proviene también del temor de ser castigado en forma retaliativa por sus impulsos sádicos. El nombre de fase femenina alude a que Klein considera que se produce una identificación con el cuerpo femenino atacado, tanto en la niña como en el varón. Es el primer paso que lleva al desarrollo de un complejo de Edipo directo e invertido en ambos sexos. La mayor o menor ansiedad persecutoria de esta etapa define que el desarrollo posterior sea normal o patológico.»

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 102, 103.

21 jul 2015

La técnica hipnótica del período preanalítico


«En la técnica hipnótica del período preanalítico el yo no desempeñaba papel alguno. Se proponía comprender los contenidos del inconsciente, y sólo consideraba el yo como un factor perturbador. Sabíase ya entonces que con ayuda de la hipnosis era factible eliminar o vencer el yo del paciente. Lo novedoso del procedimiento descrito en los Estudios sobre la histeria radicaba en que el médico podía aprovechar esta eliminación del yo para introducirse en el inconsciente del paciente -en el ello de la actualidad- hasta ese momento bloqueado por aquel. De esta manera, el descubrimiento del inconsciente constituía el objeto buscado -el yo, el obstáculo, y la hipnosis- el medio para el alejamiento temporal de este último. Durante la hipnosis el médico facilita la entrada en el yo del material inconsciente reprimido, y la imposición a la consciencia de este material reprimido brinda la solución del síntoma. Mas el propio yo queda excluido del proceso terapéutico y únicamente soporta al intruso en tanto el médico que ha ejecutado la hipnosis conserva su influencia. Luego se rebela, surgiendo un nuevo conflicto de defensa; una lucha contra el material del ello que le ha sido impuesto y que desbarata el éxito terapéutico penosamente obtenido. Así, el mayor triunfo de la técnica hipnótica -la eliminación completa del yo durante la exploración- transfórmase en factor dañoso de la perduración del éxito y conduce a decepciones en el tratamiento.»

Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.


Nota importante: El texto de Anna Freud es de 1936. Aun ahora hay terapeutas que utilizan la hipnosis como la técnica principal para el tratamiento (por ejemplo, hipnoterapia). Consideramos que los terapeutas que utilizan la hipnosis o que han sido formados en su aplicación son los únicos que podrían responder con conocimiento a esta cita. Sugerimos que los demás profesionales tomemos esta cita como de carácter histórico y como opinión de la autora, contextualizada en la década de 1930 y que además se refiere explícita y únicamente a la técnica hipnótica del período preanalítico (finales del siglo XIX).

13 jul 2015

La deformación de los afectos

 
«(...) el afecto nos ofrece características que permiten ubicarlo como una especie de "bisagra" que articula los territorios que denominamos "psíquico" y "somático" (...).

Todo afecto (...) puede ser reconocido (...) porque posee una particular "figura". Cada emoción distinta es un movimiento vegetativo que proviene de una excitación nerviosa que se realiza de una manera típica. Esta manera típica está determinada filogenéticamente por una huella mnémica inconsciente (...) que se denomina "clave de inervación".

Cuando sufrimos una enfermedad que se denomina "neurosis" es porque hemos necesitado defendernos de un afecto hacia una determinada persona o situación, que hubiera sido penoso experimentar conscientemente, de modo que preferimos desplazarlo o transferirlo sobre la representación de otra persona o de otra escena. Así Juanito, el niño cuya fobia Freud psicoanaliza, prefiere temer y odiar a los caballos antes que a su amado papá.

Cuando enfermamos, mucho peor, de otra manera que se llama "psicosis", sucede que, para evitar el desarrollo de un afecto penoso, necesitamos cambiar la imagen que tenemos de la realidad, alterando nuestro "buen juicio" acerca de ella. Una madre que enloquece ante la muerte de su hija y acuna un pedazo de madera como si fuera su bebé, altera su percepción de la realidad para poder continuar descargando un afecto de ternura en lugar de una insoportable tristeza.

En ambos casos del enfermar (...) ocurre que los afectos (...) continúan manteniendo la coherencia de la clave de inervación. La clave de inervación es la idea inconsciente que determina la particular cualidad de cada una de las distintas descargas motoras vegetativas que caracterizan a los distintos afectos. De modo que cuando un afecto conserva íntegra la coherencia de su clave es posible reconocerlo como una determinada emoción.

Pero también podemos enfermar de otra manera. El desplazamiento de la importancia (investidura) puede realizarse "dentro" de la misma clave de inervación de los afectos, de modo que algunos elementos de esta clave reciban una carga más intensa, en detrimento de otros. Cuando el proceso se descarga a partir de esta clave "deformada", la conciencia ya no percibe una emoción, percibe un fenómeno que denomina "somático", precisamente porque la cualidad psíquica, el significado afectivo, de ese fenómeno, permanece inconsciente. Por este motivo (...) preferimos llamar "patosomático" a este modo de enfermar que se diferencia de lo que ocurre en las neurosis y psicosis. Toda enfermedad somática puede ser concebida como una descomposición patosomática del afecto.»

Chiozza, Luis. "Las cardiopatías isquémicas. Patobiografía de un enfermo de ignominia".

10 jul 2015

La experiencia, las ideas, las emociones y la represión

 
«Así como, en el tráfico de las rutas, podemos distinguir la materia que se trafica de los medios de transporte, y de la intrincada maraña de caminos que se interconectan, también podemos, en el tráfico mental, distinguir los afectos de las ideas y de las experiencias (que marcan trayectos facilitados).

Solemos creer que lo más importante de nuestro intelecto, de nuestra capacidad de inteligir (de leer "entre líneas") son las ideas. Pero no es así, porque el concepto de importancia no se aplica a las ideas, no le es pertinente. Lo único que, en estricto y riguroso sentido, importa, son los afectos. Cuando las ideas importan, importan porque comprometen afectos. Lo que mueve (con-mueve) a nuestro ánimo, su moción, es la emoción. Nuestra mente no trafica con ideas, las ideas son los medios de transporte que conducen a los afectos por las avenidas y caminos que ha trazado la experiencia. Sólo se transporta lo que importa, y este "importe" es lo único que se vigila en las fronteras. Es esto mismo lo que decía Freud cuando afirmaba que el verdadero motivo de la represión es impedir el desarrollo de un afecto.

A la represión no le interesa que las ideas pasen o no pasen, sólo le molestan cuando a través de ellas puede desarrollarse un particular afecto. Si para evitar esto último tiene que bloquear una idea la bloquea. A veces no basta, para evitar que llegue un determinado producto o personaje (un personaje es una persona importante), con impedir el paso del vehículo que lo transporta, a veces es necesario bloquear, romper, o borrar toda traza del camino. Por eso la represión no sólo ataca las ideas, sino que a menudo incluso deforma la experiencia. El afecto es la importancia, la significancia del sentido.»

Chiozza, Luis. "Las cardiopatías isquémicas. Patobiografía de un enfermo de ignominia".

1 jul 2015

Psicosomática del corazón 4: el dolor y la angustia en la angina


«Cuando [Freud], en 1926, retoma el problema de la angustia, afirma que (...) "contiene" la historia del trauma de nacimiento de la misma manera que el síntoma histérico contiene la historia de un suceso traumático infantil.

La palabra "angustia" tiene en su origen el significado de angostura y opresión, y (...) no ha sido elegida al azar para nominar a ese estado afectivo, sino como un derivado apropiado para arrogarse la representación de una estructura compleja de ideas inconscientes, ligada a un conjunto de vivencias prototípicas de atolladero estrecho y anoxia, arcaicas y heredadas, que se renuevan una y otra vez en el instante magno de cada nacimiento a la vida extrauterina (...). Sin embargo, pensar en la existencia de una realización simbólica, "representativa", inherente a la llamada "conversión directa" de la libido insatisfecha en angustia, no implica desconocer la importancia de la magnitud cuantitativa y energética de esa insatisfacción actual. El significado histórico sólo puede darse en una realidad física actual, pero la actualidad física siempre es una plétora de significado histórico (...).

Fleming (...) decía que "los procesos que engendran la angina de pecho y la angustia son en principio los mismos" y que "toda angustia representa una angina de pecho leve, un acceso ligero" (...). Es curioso que , aunque los términos "angina" y "angustia" derivan de la misma raíz etimológica, el primero sólo se utilice para nominar un fenómeno que se categoriza como somático y el segundo designe a un fenómeno que se interpreta como psíquico.

(...) resulta significativa la distinción que Schwarz (...) realiza, llamando "acceso anginoso auténtico" al que se produce como consecuencia de un espasmo y constituye, en su opinión, una crisis que pone en serio peligro la vida del enfermo. Considera, en cambio, que la angina de esfuerzo no ofrece el mismo riesgo inmediato, en la medida en que su dependencia directa del trabajo corporal permite en cierto modo prever y controlar la aparición del episodio.

Nos parece útil distinguir en la estenocardia tres constelaciones entre las que construyen la sintomatología, las cuales (...) deben corresponder a distintos significados inconscientes.

En primer lugar, el dolor estenocárdico, que nos parece vinculado de una manera más clara y directa con la llamada angina de esfuerzo (aumento de la demanda de oxígeno), encontraría su significado primario en la necesidad de protegerse frente a la realización simbólica de una tarea que, en lugar de ser una respuesta valiente a una ofensa subyacente, constituye el coraje temerario de quien excede sus posibilidades de reacción (...). La claudicación de este esfuerzo podría quedar representada en la insuficiencia cardíaca.

En segundo lugar, la angustia, que durante los accesos (angina) no funcionaría como una leve señal, sino fundamentalmente bajo la forma de "angustia catastrófica" (que reedita el trauma de nacimiento como rotura de un vínculo simbiótico-umbilical), quedaría especialmente relacionada con el componente espasmódico (disminución de la oferta de oxígeno) y aportaría al cuadro de la cardiopatía isquémica su propio significado dramático de estrangulamiento y agonía.

En tercer lugar, la isquemia miocárdica (anoxia), como fenómeno fundamental específico del cuadro que subyace a los otros dos, aportaría el significado esencial constituido por la coartación de un proto-afecto pre-sentido que no puede "nacer" hacia la configuración completa de su clave, por ser considerado una ignominia degradante.»

Chiozza, Luis. "Las cardiopatías isquémicas. Patobiografía de un enfermo de ignominia".

17 jun 2015

Psicosomática del corazón 3


«La teoría psicoanalítica (...) subraya que el motivo de la represión es impedir el desarrollo de un afecto penoso, cuya clave de inervación, ya configurada, se encuentra en lo inconsciente. En los casos que nos ocupan, en cambio, se trata precisamente de inhibir o coartar in status nascendi el proceso por el cual una excitación configura un afecto, debido a que el presentimiento o la preconfiguración de ese protoafecto permite "pre-ver" una insoportable penuria (...). El proto-afecto pre-sentido, de ser configurado, llegaría a constituir "algo que no tiene nombre", literalmente una ignominia, o, como se dice a veces, "algo ignominioso". Pero no con el significado literal de algo que es inefable pero puede ser agradable, sino, para referirse a lo que se presiente como tan "inconcebible", increíble, incalificable e indignante, que ni siquiera puede ser cabalmente sentido ni calificado con palabras. Explorando en la raíz etimológica (...) de la palabra "dignidad", comprobamos su identidad de origen con "decencia" y "decoro", que corresponden al significado de aquello que conviene, y es honorable  (también bello). Lo importante para el tema que nos ocupa reside en que de la palabra "decoro" deriva "condecoración", y que la condecoración, que aumenta el decoro, se coloca sobre el pecho, en el lugar del "noble" corazón, como si esto correspondiera a la percepción inconsciente de que la condecoración es la contrapartida de aquel estado "cardíaco" que denominamos ignominia. "Decoro" es también adorno u ornato. Suele decirse, irónicamente, ante el engaño vinculado a la infidelidad amorosa, que el amante engañado ha sido "adornado", como si se aludiera con esto, por contrafigura, a la ignominia implícita en la traición. La ignominia equivaldría a una degradación o pérdida de todo grado, decoro o condecoración. La degradación, lo mismo que la colación de grados o la condecoración, son ceremonias públicas. Para que la degradación constituya aquel estado que denominamos ignominia, es necesario que el sujeto que es objeto de ella se la "tome a pecho", es decir que se des-moralice, que experimente el sentimiento acorde con la degradación que le fue impuesta desde el exterior. Es también imprescindible que "la culpa" no pueda quedar, en su ánimo, definitivamente atribuida, y que la situación, al mismo tiempo, deba ser solucionada y sea "insoluble". (...) [Esto configura], en su conjunto, el conflicto más humanitario de cuantos cabe concebir. Por eso no debe extrañarnos que la enfermedad cardíaca quede asociada permanentemente a la idea de una muerte noble.

(...)

La presencia de un suficiente incremento tanático en la pulsión implicada permitiría comprender, frente a una fantasía común las diferencias que, en las cardiopatías isquémicas, configuran el gradiente que va desde la angina al infarto. La muerte adquiría el significado de una reacción frente a un tipo de ignominia que no sólo no debe sentirse, sino que tampoco se debe vivir. Cuando esta ignominia debe "lavarse con sangre", nos encontraríamos con la rotura cardíaca, en la cual aparece el elemento "crueldad" (Cruor: sangre derramada...).»

Chiozza, Luis. "Las cardiopatías isquémicas. Patobiografía de un enfermo de ignominia".

12 may 2015

Psicoanálisis de los sueños 44: la interpretación de los sueños según Carl Gustav Jung


«Jung es el creador de la escuela de psicoterapia que ha llamado "Psicosíntesis". Emplea una terminología especial para designar las diferentes capas psíquicas: las más superficiales son la máscara o la persona, que es el aspecto consciente y exterior del individuo. La sombra son los elementos negativos, que el individuo rechaza. Detrás de estas capas se hallan fuerzas, con las características del sexo contrario, denominadas ánima en el hombre y ánimus en la mujer, para correlacionarlas con sus aspectos sexuales opuestos. Finalmente, más allá de este inconsciente individual está el inconsciente colectivo, que alberga los arquetipos.


El sueño debe ser examinado siempre bajo un doble aspecto: el de su causalidad (Freud) y el de su finalidad. Con este último objeto hay que preguntarse para qué sirve un sueño y a qué debe conducir, lo que constituye una concepción opuesta a la freudiana, que es etiológica. Así, en un hombre joven, el sueño de comer una manzana, con el simbolismo genital conocido, tiene por finalidad llamar la atención del sujeto sobre el hecho de que en él existen fuerzas morales que no debe olvidar. Al ser tenido en cuenta, el sueño sirve, pues, de regulador psíquico.

Los sueños son de diverso tipo. Unos son compensadores de la situación consciente, en que han nacido. Ellos introducen en la consciencia, merced a un arreglo simbólico, los materiales inconscientes relacionados con aquella situación consciente. Así el sueño de Nabucodonosor, en las profecías de Daniel (IV, 9-16), era un esfuerzo de compensación del delirio de grandezas, que condujo a la locura. Otros sueños son prospectivos, anticipando simbólicamente una actividad consciente venidera. En personas que viven por encima de lo que debieran, existen sueños reductores que disgregan, desprecian y hasta destruyen. Además hay sueños reactivos, como los de las neurosis traumáticas, y sueños proféticos.

El sujeto se despierta del sueño, cuando el sentido de éste ha alcanzado un punto culminante. El sueño, habiendo agotado su tema, pone punto final a su propio desarrollo. Probablemente el despertar es debido al cese súbito de la fascinación ejercida por el sueño; la energía así liberada provoca la vuelta a la consciencia. Jung añade que es conocido que uno se despierta con sobresalto al final de ciertos sueños.

Según la opinión de Jung (...) el psicoanálisis tiene el defecto de buscar en la historia especial del individuo la causa de los símbolos del sueño, ya que relaciona todos estos símbolos con vivencias o tendencias del sujeto. Pretende Jung completar este punto de vista, admitiendo la existencia de un inconsciente colectivo (...) que sería independiente de las experiencias individuales. Aquellas experiencias del inconsciente colectivo adquieren su valor, cuando se las trata, no analíticamente, sino sintéticamente. Así como el psicoanálisis separa los símbolos en sus componentes, Jung afirma que el método sintético los reintegra en una expresión general e inteligible.

Jung coincide con Freud en admitir la existencia de deseos en los sueños (...), pero niega que éstos sean únicamente satisfacciones de deseos. Tampoco cree que el contenido manifiesto del sueño sea algo así como la fachada de un edificio que oculta lo que se halla detrás. Más bien él lo considera como el edificio mismo, aunque sea tan ininteligible como un texto muy antiguo.


Los símbolos, ni aun aquellos que son relativamente fijos, no tienen un contenido fijo, ni tampoco sexual. Por ejemplo, los llamados símbolos fálicos que, según dicen, sólo designarían al miembro viril. (...). En toda la antigüedad el falo ha designado el "maná" creador, "lo extraordinariamente eficaz" (...), la fuerza fecundante y medicinal, expresado también , de un modo equivalente, por el toro, el macho cabrío, el relámpago, la herradura, la danza, la copulación mágica en el campo, la menstruación y por muchas analogías más, como ocurre en el sueño. En el origen de todas estas analogías y por consiguiente también de la sexualidad, existe una imagen arquetipo, de carácter difícil de definir y a la cual parece acercarse más psicológicamente el símbolo primitivo del "maná".


(...)

Un sueño de [una paciente] de Jung demostrará las diferencias entre su interpretación y la psicoanalítica. La [paciente]:

Ve a Jung como a un padre y le admira mucho.

Un psicoanalista hubiese interpretado este sueño como de transferencia. Jung lo hizo también así, pero añadiendo que tal transferencia era del tipo de una relación como la siguiente: hija = padre = Dios Padre. Según Jung, el sueño tiene que ser considerado como un símbolo de la ética de la [paciente], que tendía hacia Dios. Según la interpretación psicoanalítica, "en plano objetivo", Jung, en el sueño, sería un objeto libidinoso; según la interpretación psicosintética, "en plano subjetivo", Jung es una parte del sujeto, a saber, su ética. El amor a Dios es una manifestación del inconsciente colectivo.»

Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Páginas 181 - 184.

5 abr 2015

Psicoanálisis de los sueños 40: la situación caótica

«Hay momentos del psicoanálisis en que el médico se encuentra desorientado ante el material psíquico que le suministra el [paciente], que no ha llegado todavía a comprender. Se presenta entonces lo que W. Reich llama la situación caótica, por la que posiblemente debe pasar todo psicoanálisis. En medio de la situación caótica, la interpretación de un sueño -que en este caso debe procurarse que sea lo más completa posible, aunque para ello se requiera el esfuerzo de varios días- suministra muchas veces un punto fijo y seguro, desde el cual se puede ordenar el material psíquico y progresar en la exploración. El psicoanalista puede apoyarse en esta interpretación, "como en una roca, en medio de la tempestad" (Freud).»


Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 166.

2 mar 2015

Nota acerca de las entradas de "Psicoanálisis de los Sueños": "el enfermo"

Cada vez nos acercamos más al final de nuestro recuento de ideas de Ángel Garma en su obra "Psicoanálisis de los sueños". Llegados a este punto, hemos visto que hay una expresión utilizada mucho por este autor: "el enfermo".

Cuando Ángel Garma habla de "el enfermo", se refiere al "paciente" (o al "cliente", dirían otros colegas). Recordemos que se trata de un libro cuya primera edición data de 1940. En esa época, gran parte de los psicoanalistas eran psiquiatras. El psicoanálisis estaba aún muy vinculado a la medicina y los autores hablaban mucho de las afecciones tildándolas de "enfermedades", como lo haría un médico moderno.

Cuando Garma dice "el enfermo", no quiere decir "el loco" o "el enfermo mental" (en la acepción de nuestros días), no, Garma hablaba así porque, efectivamente, hablaba como médico. Recordemos que los psicoanalistas mismos, desde los tiempos de Sigmund Freud, se sometían a psicoanálisis, de tal forma que se estarían tildando de "enfermos" ellos mismos. Esto no tenía nada de particular, del mismo modo que ahora no tiene nada de particular decir "estoy enfermo" cuando se está agripado.

Pero resulta que esta expresión ("el enfermo") nos resulta chocante. Hay que contextualizarla demasiado para no caer en el error de considerar al psicoanálisis como un tratamiento para "locos"; y, en virtud, de que en este blog, no nos interesa tanto la rigurosidad formal como la claridad de las ideas, hemos querido tomarnos la libertad de eliminar esta acepción arcaica.

Progresivamente, a partir de hoy, las entradas referidas a esta obra de Ángel Garma van a omitir la expresión "el enfermo". En su lugar, colocaremos [el paciente], así, entre corchetes, para dejar en claro que en ese lugar originalmente iba la expresión mencionada.

31 oct 2014

Psicoanálisis de los sueños 25: nacimiento


«(...) suponiendo, como parece muy probable, que el niño tenga percepciones intensas durante su parto, dicho suceso, tan traumático, de obrar de algún modo, debe favorecer enérgicamente el desarrollo de ideas referentes a la realidad exterior, como siendo ésta algo que obra tan fuerte, continuamente y durante un largo tiempo sobre el individuo, presentando además la característica de no poder ser rehuida (...), ya que es imposible no pasar por el acto del nacimiento. Las huellas profundas -angustia- que el trauma intenso del nacimiento deja en el psiquismo de todo individuo, tienen que ser valoradas como una muestra de la gran trascendencia de esta primera situación, en la que la realidad exterior manda estímulos molestos, persistentes e inevitables. Se trata, por lo tanto, de una realidad exterior que actúa sobre el psiquismo del individuo de un modo totalmente opuesto a como lo supone la teoría de Freud acerca de la génesis del juicio de realidad, coincidiendo, en cambio, con lo admitido en la teoría aquí expuesta

Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 135.

23 sept 2014

Psicoanálisis de los sueños 23: lo interno es rechazado por las contracargas

«De la existencia por parte del yo de un rechazo mayor de lo intrapsíquico que de aquello que proviene del exterior, depende el hecho, tan notable y tan extraño, de que la psicología haya sido la ciencia que más ha tardado en desarrollarse. Se puede decir que hasta Freud, es decir, hasta el siglo actual, no ha habido una verdadera ciencia psicológica. Como el interés primordial del individuo se dirige hacia sí mismo, la psicología hubiese sido la primera y la más perfecta de todas las ciencias, de no existir este rechazo intenso de lo endógeno (...).»

Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 132.