Teoría y Técnica

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11 ago 2017

Fijaciones orales tiñen la sexualidad genital de aspectos oraldigestivos

«En la infancia es importantísima la dependencia oraldigestiva del bebé con respecto a su madre. Puede estar reforzada por diversas circunstancias que provocan en el bebé y en el niño fijaciones en la organización instintiva oraldigestiva (...).

Con la pubertad (...) si los conflictos genitales son vividos únicamente como tales, el individuo sufrirá en su genitalidad, pero no tendrá complicaciones digestivas. Pero si hay fijaciones oraldigestivas, la genitalidad insatisfecha realizará una regresión a las fijaciones oraldigestivas, con lo que tomará aspectos digestivos.»

Garma, Ángel (1974). Génesis psicosomática y tratamiento de las úlceras gástricas y duodenales. Barcelona, España: Paidos. Páginas 80, 81.

16 feb 2016

El yo adolescente y su relación con los objetos y con el superyó


«Las más notables manifestaciones en la vida de los adolescentes están fundamentalmente vinculadas a sus relaciones con los objetos. En este terreno es donde el conflicto entre las dos tendencias opuestas se hace más transparente. La represión proveniente de la general aversión ante el instinto, toma de ordinario su punto de partida inicial en las fantasías incestuosas del período prepuberal. La desconfianza del yo y su actitud ascética dirígense en especial contra la fijación amorosa a todos los objetos infantiles. Resulta de esto que el adolescente tiende, de un lado, a aislarse, a vivir entre sus familiares como si fueran extraños. Pero no es sólo esta relación con los objetos exteriores de amor lo que suscita la innata oposición del yo a los instintos, también se extiende a la relación con la instancia del superyó. En vista que durante este período el superyó está cargado con la libido derivada de las relaciones con los padres, habrá de considerárselo como un objeto sospechoso e incestuoso y sucumbirá víctima de las consecuencias del ascetismo. El yo se retira también del superyó. El adolescente experimenta esta parcial represión del superyó, este parcial extrañamiento de sus contenidos como uno de sus más grandes trastornos. El principal efecto de la ruptura de la relación entre el yo y el superyó contribuye a aumentar el peligro que amenaza del lado de los instintos. El individuo tórnase antisocial. Antes de que dicha perturbación se hubiera producido, fueron la angustia de conciencia y el sentimiento de culpabilidad provenientes de la relación del yo con el superyó, los mejores medios del primero en su combate contra los instintos. En las etapas iniciales de la pubertad a menudo puede observarse un evidente ensayo de sobrecarga transitoria de todos los contenidos del superyó. Quizá el llamado "idealismo" de los adolescentes se aclara por este proceso.»

Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Páginas 182 - 183.

7 feb 2016

Esfuerzos defensivos equivalentes a las fuerzas instintivas en la pubertad y en la adolescencia

 
«(...) el aumento de las exigencias instintivas produce en el individuo como efecto indirecto la intensificación de los esfuerzos defensivos que persiguen la dominación de sus instintos. Las tendencias generales del yo -apenas notables en las épocas apacibles de la vida instintiva- revélanse entonces con nitidez, y sus mecanismos, tan visibles durante el período de latencia o de la vida adulta, pueden exagerarse hasta el grado de promover una deformación morbosa del carácter.»

Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Páginas 168 - 169.

5 ene 2016

El yo y el ello en la interfase entre latencia y pubertad


«(...) en el intervalo entre la latencia y la pubertad (...) prepárase la madurez sexual física. Hasta este momento no se ha producido en la vida instintiva ningún cambio cualitativo; únicamente se ha operado un aumento de la cantidad de energía instintiva. Este acrecentamiento no se confina a la vida sexual. El ello dispone de una mayor cantidad de libido que emplea sin discriminación con cualquier impulso a su alcance. Los impulsos agresivos suelen intensificarse hasta la crueldad sin freno; el hambre llega a ser voracidad y la maldad del período de latencia transfórmase en conducta criminal. Los intereses oral - anales, durante tanto tiempo sumergidos, retornan a la superficie. Los hábitos de limpieza, laboriosamente instalados en el período de latencia, ceden al placer de la suciedad y del desorden, y en el lugar del pudor y de la compasión, aparecen las tendencias exhibicionistas y la brutalidad y crueldad con los animales. Las formaciones reactivas, que parecían firmemente establecidas en la estructura del yo, amenazan derrumbarse. Al mismo tiempo, antiguas tendencias ya abandonadas reaparecen en la conciencia. Los deseos edipianos cúmplense bajo la forma de fantasías poco deformadas y ensueños diurnos (...). En rigor, en las fuerzas invasoras hay muy pocos elementos nuevos. La embestida no hace sino traer una vez más a la superficie el contenido ya familiar de la temprana sexualidad.

Mas la sexualidad infantil así renovada no encuentra ahora las condiciones anteriores. El yo del período infantil precoz no estaba desarrollado, era indeterminado e impresionable y plástico bajo la influencia del ello. Por el contrario, en el período prepuberal muéstrase rígido y firmemente consolidado. Ya se conoce a sí mismo y sabe qué desea. A fin de conseguir la gratificación instintiva, el yo infantil era capaz de súbita rebelión contra el mundo exterior y de aliarse con el ello; pero si el yo del adolescente lo hace, se crea intrincados conflictos con el superyó. Establece de una parte firmes relaciones con el ello y con el superyó de la otra -que es lo que denominamos carácter, lo cual torna inflexible al yo. Sólo persigue un propósito: mantener el carácter desarrollado durante el período de latencia; restaurar la antigua relación entre sus propias fuerzas y las del ello y oponerse con esfuerzos redoblados de defensa a la mayor necesidad de demandas instintivas. En su lucha por preservar su propia existencia inmutable, el yo hallábase por igual impelido por la angustia real u objetiva y por la angustia de conciencia. Emplea indistintamente todos los métodos de defensa, inclusive aquellos a los que nunca recurrió en la infancia ni durante el período de latencia. Reprime, desplaza, niega e invierte los instintos y los vuelve contra sí mismo; produce fobias y síntomas histéricos y reduce la angustia mediante el pensamiento y la conducta obsesivos.

Examinada a fondo esta lucha entre el yo y el ello por la supremacía, se observa que casi todos los fenómenos inquietantes del período prepuberal corresponden a diferentes fases de su evolución. El aumento en la actividad de la fantasía, la satisfacción sexual progenital (sic) -o sea, perversa-, la conducta agresiva y criminal, significan éxitos parciales del ello, al paso que la aparición de las diversas formas de angustia, el desarrollo de rasgos ascéticos, la acentuación de síntomas neuróticos y de inhibición, son la consecuencia de una defensa mucho más vigorosa, es decir, el éxito parcial del yo. Al alcanzarse la madurez sexual corporal y entrar en la pubertad propiamente dicha, sobrevienen los cambios cualitativos de carácter que se combinan con los de índole cuantitativa. Hasta aquí la intensificación de las cargas instintivas era de una naturaleza general indiferenciada. A partir de este momento prodúcese un cambio (...) en la (sic) que los impulsos genitales adquieren las más poderosas cargas. En la esfera psíquica esto significa que la carga de libido es retirada de los impulsos pregenitales y concentrada sobre la genitalidad, y que aparecen representaciones y fines objetivos. La genitalidad reúne mayor importancia psíquica, al paso que las tendencias pregenitales quedan relegadas al segundo plano. Primer resultado de este cambio es una aparente mejoría de la situación.»

Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Páginas 160 - 163.