Teoría y Técnica

Teoría y Técnica
Mostrando entradas con la etiqueta psicosis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta psicosis. Mostrar todas las entradas

20 dic 2016

La envidia en la posición esquizoparanoide

La envidia ataca al objeto ideal, alterando el proceso de disociación normal de la posición esquizoparanoide, produciendo una confusión entre lo bueno y lo malo. Al no poder darse con éxito la disociación entre el objeto ideal y el objeto persecutorio, se imposibilita la introyección del objeto bueno, que es la base para la estabilidad psíquica. De esta manera se establece un círculo vicioso: la envidia impide una introyección adecuada, impidiendo con ello el goce y la creatividad, y esto, a su vez, aumenta la envidia. Este circuito constituiría una base para futuros trastornos psicóticos.

La envidia también puede acentuar la disociación entre el objeto idealizado y el objeto persecutorio, impidiendo su posterior integración y, con ello, el acceso a la posición depresiva.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 128, 129.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

15 oct 2016

Identificación proyectiva

Melanie Klein definió la identificación proyectiva como un mecanismo que permite deshacerse de aspectos malos y buenos de uno mismo (uno podría requerir proyectar aspectos buenos con el fin de protegerlos de los aspectos malos, o para volver a recibirlos).


Bleichmar y Lieberman ponen el ejemplo de una paciente depresiva que encontraba aspectos maravillosos en cada persona que se le acercaba. Esto, a su vez, le daba material para compararse y acabar denigrada y sin nada que valga la pena en ella misma.

Cuando este mecanismo es utilizado en exceso el yo se debilita y queda supeditado a una dependencia del otro. En su uso saludable resulta ser un fenómeno normal que da base a la empatía y a la posibilidad de que las personas se comuniquen con comprensión. Para Klein, lo esencial que determina su uso normal o patológico está en el predominio del amor o del odio en la disociación.

Este mecanismo fue el instrumento teórico que usaron los analistas kleinianos para abordar el análisis de los pacientes psicóticos o fronterizos. Así consiguieron profundizar en estos fenómenos psicopatológicos sin modificar la técnica analítica.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 119 - 121.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

13 oct 2016

Disociación

«La disociación es la respuesta del yo frente a la angustia persecutoria. Permite que se efectúe una primera división bueno-malo de los objetos externos e internos; son defensas útiles y necesarias para favorecer la organización de las primeras estructuras de la mente, que luego podrán integrarse paulatinamente. Si este proceso de disociación fracasa, se producen fenómenos de desintegración y fragmentación y un desarrollo patológico de la posición esquizo-paranoide, base para enfermedades psicóticas posteriores.

La disociación de los objetos se acompaña inexorablemente de una disociación del yo. Es una defensa necesaria para proteger al yo débil de una ansiedad persecutoria excesiva. Se aplica a los objetos y también a estructuras y fantasías. Sirve para separar lo bueno de lo malo, pero también lo interno de lo externo y la realidad de la fantasía. La disociación del objeto posibilita que se constituya el primer objeto bueno interno como el  núcleo del yo y del superyó. Se debe poder disociar suficientemente el objeto malo, para que el aspecto bueno idealizado del objeto y del self puedan establecer una relación segura dentro del yo. Cuando las ansiedades persecutorias descienden, la disociación disminuye y se produce un empuje hacia la integración de los objetos y del yo. Esto constituye la entrada a la posición depresiva. El conflicto mental queda así definido como una lucha constante entre la posibilidad de disociar y de integrar los objetos fuera y dentro del self

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 117.

22 sept 2016

Fracaso en la elaboración de la posición esquizoparanoide

Los mecanismos de defensa propios de la posición esquizoparanoide son indispensables para que el yo del bebé pueda soportar la ansiedad persecutoria. Estos mecanismos son muy intensos, extremos y de características omnipotentes, muy similares a los procesos psicóticos; de hecho, los procesos psicopatológicos de índole psicótica encontrarían aquí sus puntos de fijación.

Melanie Klein precisa que, si los temores persecutorios son demasiado intensos, fracasará la elaboración de la posición esquizoparanoide, lo que refuerza la ansiedad persecutoria y establece puntos de fijación para el desarrollo de futuras psicosis.

Referencia

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Páginas 114, 115.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

25 jul 2016

Importancia de la posición depresiva

«La vida psíquica se organiza, tanto en su evolución como en su funcionamiento, en torno a dos posiciones fundamentales: esquizo-paranoide y depresiva. La posición depresiva es para Klein el punto crucial del desarrollo. Establece las bases para el equilibrio psíquico y el control de las ansiedades psicóticas.»

Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia (1997). El psicoanálisis después de Freud. México D.F., México: Paidos. Página 95.

15 abr 2016

Lo común entre la adolescencia y la enfermedad mental

 
«La base de confrontación entre los fenómenos puberales y los iniciales de los accesos psicóticos es -como hemos visto- el efecto de los cambios cuantitativos en la carga instintiva. En ambas actuaciones el incremento de la carga libidinal del ello, de una parte acrecienta el peligro instintivo y, de otra, los esfuerzos del yo orientados a defenderse por todos los medios posibles. En virtud de estos procesos cuantitativos, todo el período de la vida humana en el que se produce un aumento de libido, puede constituirse en el punto de partida de una enfermedad neurótica y psicótica, tal como siempre ha sostenido el psicoanálisis.»

Freud, Anna (s.f.). El yo y los mecanismos de defensa. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. Página 188.

13 jul 2015

La deformación de los afectos

 
«(...) el afecto nos ofrece características que permiten ubicarlo como una especie de "bisagra" que articula los territorios que denominamos "psíquico" y "somático" (...).

Todo afecto (...) puede ser reconocido (...) porque posee una particular "figura". Cada emoción distinta es un movimiento vegetativo que proviene de una excitación nerviosa que se realiza de una manera típica. Esta manera típica está determinada filogenéticamente por una huella mnémica inconsciente (...) que se denomina "clave de inervación".

Cuando sufrimos una enfermedad que se denomina "neurosis" es porque hemos necesitado defendernos de un afecto hacia una determinada persona o situación, que hubiera sido penoso experimentar conscientemente, de modo que preferimos desplazarlo o transferirlo sobre la representación de otra persona o de otra escena. Así Juanito, el niño cuya fobia Freud psicoanaliza, prefiere temer y odiar a los caballos antes que a su amado papá.

Cuando enfermamos, mucho peor, de otra manera que se llama "psicosis", sucede que, para evitar el desarrollo de un afecto penoso, necesitamos cambiar la imagen que tenemos de la realidad, alterando nuestro "buen juicio" acerca de ella. Una madre que enloquece ante la muerte de su hija y acuna un pedazo de madera como si fuera su bebé, altera su percepción de la realidad para poder continuar descargando un afecto de ternura en lugar de una insoportable tristeza.

En ambos casos del enfermar (...) ocurre que los afectos (...) continúan manteniendo la coherencia de la clave de inervación. La clave de inervación es la idea inconsciente que determina la particular cualidad de cada una de las distintas descargas motoras vegetativas que caracterizan a los distintos afectos. De modo que cuando un afecto conserva íntegra la coherencia de su clave es posible reconocerlo como una determinada emoción.

Pero también podemos enfermar de otra manera. El desplazamiento de la importancia (investidura) puede realizarse "dentro" de la misma clave de inervación de los afectos, de modo que algunos elementos de esta clave reciban una carga más intensa, en detrimento de otros. Cuando el proceso se descarga a partir de esta clave "deformada", la conciencia ya no percibe una emoción, percibe un fenómeno que denomina "somático", precisamente porque la cualidad psíquica, el significado afectivo, de ese fenómeno, permanece inconsciente. Por este motivo (...) preferimos llamar "patosomático" a este modo de enfermar que se diferencia de lo que ocurre en las neurosis y psicosis. Toda enfermedad somática puede ser concebida como una descomposición patosomática del afecto.»

Chiozza, Luis. "Las cardiopatías isquémicas. Patobiografía de un enfermo de ignominia".

24 ene 2015

Psicoanálisis de los sueños 28: algunos trastornos del juicio de realidad según la teoría presentada

«Resumiendo: apoyándonos en la teoría aquí desarrollada, podemos representar rápidamente la génesis de algunos trastornos importantes del juicio de realidad, del siguiente modo» (Garma utilizará el término "cargas" para referirse a las "cargas libidinosas que originan la percepción"):


Cese de la percepción de la realidad exterior

- Cargas demasiado débiles => No hay percepción
- Contracargas demasiado intensas => Alucinaciones negativas de la psicosis


Percepción de lo interior considerada como de origen exterior

- Cargas demasiado intensas => Alucinaciones de las neurosis traumáticas
- Contracargas demasiado débiles => Alucinaciones del sueño


Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Páginas 138 - 140.

29 oct 2013

Lo impensable


El siguiente texto pertenece a Janine Puget:

«Lo impensable es del orden del vacío, del desecho, del agujero, de la herida (René Kaës, 1980). Se refiere a ciertas percepciones que pueden despertar emociones intolerables y no encuentran traducciones en palabras. Quedan en su estado original ligadas a lo concreto, al vacío, a la pérdida de límites y a la repetición. La producción de imágenes puede estar interrumpida. El concepto de impensable es del orden de lo incognoscible, conocimiento que da lugar a la epistemofilia o al conocimiento transgresor ligado a la escoptofilia, a una inhibición del pensamiento productor de perturbaciones de todo orden, de fenómenos de alienación o de una potencialidad psicótica.

Podemos detectar tres categorías de impensable:

1. Ligado al conocimiento imposible (Isidoro Berenstein, Janine Puget y María Isabel Siquier, 1984): conocer quiénes son los propios padres, tratar de conocer el interior del cuerpo materno, acceder al goce del cuerpo del otro sexo.

2. Ligado al no-conocimiento no vivido aún, siendo la muerte una de sus representantes. Una zona anterior a la formación de imágenes por la cual el Yo no tiene aún estructura capaz de contener. Ello establecería los límites de lo cognoscible y de lo pensable.

3. Ligado al conocimiento posible pero no tolerable (sic) cuando pensar está asociado a lo siniestro, causa de una angustia sin límite ("terror sin nombre", según Wilfred Bion).»

Referencia

Puget, Janine. "Violencia social y psicoanálisis". En: Puget, Janine & Kaës, René (compiladores). Violencia de estado y psicoanálisis.