«(...) obedeciendo a su deseo de dormir, el yo disminuye (...) la intensidad de sus contracargas, opuestas al libre paso a la consciencia de los contenidos anímicos rechazados. (...) Ahora bien, (...) una cierta capacidad positiva de rechazo de los contenidos anímicos por las contracargas del yo es justamente lo que origina el juicio de no ser de origen exterior lo percibido. (...) se comprenderá claramente que, al disminuir por el dormir la intensidad de las contracargas del yo, los contenidos anímicos rechazados durante la vigilia (...) actuarán más enérgicamente (...) sobre el sistema consciente (...). En consecuencia, cuando dichos contenidos anímicos lleguen a la consciencia, formando el contenido del sueño, deberán producir en el yo debilitado un juicio de realidad que les atribuye un origen exterior, justamente por la actuación más potente de sus cargas relativamente superiores a las contracargas debilitadas que no los pueden rechazar.
(...) he desarrollado la teoría de que las alucinaciones oníricas son debidas a que el conjunto (...) formado por los restos diurnos y los deseos reprimidos latentes, no puede ser elaborado normalmente por el yo, creándose con ello una situación traumática. Constituiría algo así como una situación traumática en miniatura. Análogamente a lo que sucede en las neurosis traumáticas, tal situación sería la causa de que dicho conjunto tome un aspecto alucinatorio, en vez de presentarse a la consciencia en forma de pensamientos ordinarios.»
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 136.
17 ene 2015
9 ene 2015
Psicoanálisis de los sueños 26: carácter traumático de las vivencias infantiles
«(...) Aunque no tan intensamente, lo mismo que con el nacimiento debe ocurrir con muchos de los estímulos que el niño pequeño recibe de la realidad exterior, en el curso de su primer desarrollo. Como yo, sobre este hecho ha llamado también la atención Th. Reik, al escribir lo siguiente: "El niño parece estar más dispuesto que nadie para recibir impresiones nuevas. Un psicólogo francés ha hablado del cerveau de cire del niño y del hombre primitivo. Esta asombrosa capacidad puede adquirir el carácter de avidez de sensaciones. El niño es novarum rerum cupidus. Su alegría en la recepción se enfrenta con un yo débil, que incapaz de solucionar tantas impresiones, las debe dejar para su elaboración ulterior. Las vivencias infantiles son elaboradas posteriormente, no porque sean demasiado intensas, sino porque su elaboración es demasiado difícil para el yo débil. En este sentido hay que decir que no sólo ciertos sucesos sino todo el conjunto de vivencias infantiles tiene un carácter traumático". O sea, que durante la infancia los estímulos provenientes del exterior no pueden ser rehuidos por el yo, obligado a someterse traumáticamente a ellos. Por lo tanto, la capacidad de rechazo de lo exterior no puede constituir una base positiva en la formación del juicio de realidad. De ocurrir algo, tiene que ser lo contrario a lo primitivamente supuesto o sea que el yo acepta como exterior aquello que no puede evitar.
Resumiendo, y sacando una conclusión de estos últimos datos, se llega a lo siguiente: en la edad en que se va formando su juicio de realidad, el examen de las posibilidades de reacción del niño frente al mundo exterior apoya la teoría que hace depender dicho juicio de la menor capacidad de rechazo, por el yo, de las percepciones de origen exterior que de las de origen interno.»
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 135.
Resumiendo, y sacando una conclusión de estos últimos datos, se llega a lo siguiente: en la edad en que se va formando su juicio de realidad, el examen de las posibilidades de reacción del niño frente al mundo exterior apoya la teoría que hace depender dicho juicio de la menor capacidad de rechazo, por el yo, de las percepciones de origen exterior que de las de origen interno.»
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 135.
31 oct 2014
Psicoanálisis de los sueños 25: nacimiento
«(...) suponiendo, como parece muy probable, que el niño tenga percepciones intensas durante su parto, dicho suceso, tan traumático, de obrar de algún modo, debe favorecer enérgicamente el desarrollo de ideas referentes a la realidad exterior, como siendo ésta algo que obra tan fuerte, continuamente y durante un largo tiempo sobre el individuo, presentando además la característica de no poder ser rehuida (...), ya que es imposible no pasar por el acto del nacimiento. Las huellas profundas -angustia- que el trauma intenso del nacimiento deja en el psiquismo de todo individuo, tienen que ser valoradas como una muestra de la gran trascendencia de esta primera situación, en la que la realidad exterior manda estímulos molestos, persistentes e inevitables. Se trata, por lo tanto, de una realidad exterior que actúa sobre el psiquismo del individuo de un modo totalmente opuesto a como lo supone la teoría de Freud acerca de la génesis del juicio de realidad, coincidiendo, en cambio, con lo admitido en la teoría aquí expuesta.»
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 135.
8 oct 2014
Psicoanálisis de los sueños 24: desarrollo del juicio de realidad
«No hay duda de que el yo, mediante un acto, es capaz de rehuir un estímulo de origen exterior, que causa una percepción molesta, haciendo, además, con dicho acto, que la percepción del estímulo exterior sea sólo momentánea, lo que no parece posible en el caso de percepciones endógenas. Tanto es así, que en psicoanálisis se afirma, con razón, que justamente una de las facultades del yo es su capacidad para actuar sobre la realidad exterior modificándola -aloplastia- y hacerla más apta para satisfacer los deseos del individuo. Sin embargo, el problema no es tan sencillo como parece y hay que observar más de cerca esa facultad de actuar frente a lo exterior, para darse cuenta de si ella existe en todas las circunstancias y, sobre todo, en todas las edades. Haciendo esto, nos daremos cuenta de que modificar la realidad exterior es ciertamente una facultad del yo, pero solamente de un yo ya desarrollado y en posesión de un organismo apto para efectuarlo. No es, ni mucho menos, lo que ocurre en el caso aquí estudiado, como es precisamente el de un niño al comienzo de su vida, cuando está creando y desarrollando su juicio de realidad. En esta situación infantil la citada aloplastia no existe. Precisamente sucede lo contrario: dicho niño se encuentra tan indefenso o más, frente a los estímulos de la realidad exterior, que frente a sus tendencias o sensaciones interiores. En efecto, las molestias que aquella realidad exterior le causa, como frío, humedad desagradable o el pinchazo de una aguja en sus pañales, no pueden ser vencidas por él mediante actos musculares adecuados, lo mismo que tampoco puede vencer su hambre mediante el acto, para él imposible, de ir en busca del alimento deseado.
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 134.
23 sept 2014
Psicoanálisis de los sueños 23: lo interno es rechazado por las contracargas
«De la existencia por parte del yo de un rechazo mayor de lo intrapsíquico que de aquello que proviene del exterior, depende el hecho, tan notable y tan extraño, de que la psicología haya sido la ciencia que más ha tardado en desarrollarse. Se puede decir que hasta Freud, es decir, hasta el siglo actual, no ha habido una verdadera ciencia psicológica. Como el interés primordial del individuo se dirige hacia sí mismo, la psicología hubiese sido la primera y la más perfecta de todas las ciencias, de no existir este rechazo intenso de lo endógeno (...).»
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 132.
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 132.
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17 sept 2014
Psicoanálisis de los sueños 22: Juicio de realidad: teoría inversa
Continuando con la selección de citas de "Psicoanálisis de los sueños", aclaramos que la cita que presentamos a continuación no se va a entender si no se lee previamente la última entrada que publicamos acerca de este libro. Sin más que aclarar, aquí dejamos la cita de hoy:
«Es ésta una teoría perfectamente lógica y comprensible [se refiere a la teoría del juicio de realidad, referida en la entrada anterior] (...). (...) parece muy poco razonable modificarla, tanto más si se intenta, como haré, mantener la teoría contraria, afirmando que el yo juzga como de origen interior a aquellas percepciones que puede rehuir, y que, por el contrario, le son exteriores, en su origen, aquellas percepciones que no puede evitar. Afirmar esto significa sostener una teoría que, a primera vista, produce la impresión de carecer de todo fundamento racional y que tiene el aspecto de un puro contrasentido. Sin embargo, hay datos psicológicos que la hacen muy verosímil y que se oponen a la teoría primitiva (...).
El fundamento (...) de mi teoría lo constituye el hecho, bien conocido en psicoanálisis, de la presencia en el yo de un tipo determinado de energías psíquicas, denominadas contracargas, que actúan rechazando contenidos psíquicos en su camino al sistema (pre) consciente (...). Tengamos en cuenta esto ahora, para nuestras comprobaciones, y comencemos pasando revista a algunos estados psíquicos, en los que el juicio de realidad está alterado, como son los que presentan alucinaciones, ya que la alucinación consiste (...) en juzgar de origen exterior aquello que proviene del interior del psiquismo.
Ante todo, examinemos la neurosis traumática (...). Sabemos que durante el trauma causante de una neurosis traumática, una gran cantidad de estímulos penetra en el psiquismo del individuo, por haber sido vencida la resistencia del llamado, en psicoanálisis, "protector contra estímulos". Ello provoca en el yo una gran reacción, con intensas cargas psíquicas. Ahora bien, en la neurosis traumática esta reacción psíquica al trauma no puede ser dominada por el yo de un modo normal, como tendría que ser empleando contracargas suficientemente enérgicas para sujetar y regularizar las diferentes cargas desencadenadas por el trauma. En efecto, en la neurosis traumática ocurre que la considerable carga energética de las reacciones psíquicas al trauma es superior al poder regulador del yo con sus contracargas. En esta situación psicológica, de intensidad exagerada de estímulos, debe residir el motivo de la presentación de las alucinaciones típicas de esta enfermedad. Por ello en su neurosis traumática el individuo se conduce no percibiendo conscientemente como recuerdo el trauma que ha sufrido, sino teniendo ataques en que alucina nuevamente el trauma, creyendo que lo vuelve a sufrir realmente.
(...)
No pudiendo ser suficientemente rechazadas, las cargas intensas, originadas interiormente en los días sucesivos al trauma, son percibidas erróneamente (...) como provocadas por un nuevo estímulo exterior, que no existe. Se presentan así (...) alucinaciones, que es necesario explicar mediante un mecanismo contrario al mencionado en la teoría psicoanalítica primitiva del juicio de realidad. Efectivamente, (...) el sujeto considera erróneamente como exterior -alucina- lo estimulado interiormente, que no puede rechazar por los equivalentes psíquicos de actos musculares, que son las contracargas. En cambio, según la teoría psicoanalítica primitiva del juicio de realidad, lo no rechazable debería provocarle justamente el juicio contrario, de ser de origen intrapsíquico.»
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 128 - 130.
«Es ésta una teoría perfectamente lógica y comprensible [se refiere a la teoría del juicio de realidad, referida en la entrada anterior] (...). (...) parece muy poco razonable modificarla, tanto más si se intenta, como haré, mantener la teoría contraria, afirmando que el yo juzga como de origen interior a aquellas percepciones que puede rehuir, y que, por el contrario, le son exteriores, en su origen, aquellas percepciones que no puede evitar. Afirmar esto significa sostener una teoría que, a primera vista, produce la impresión de carecer de todo fundamento racional y que tiene el aspecto de un puro contrasentido. Sin embargo, hay datos psicológicos que la hacen muy verosímil y que se oponen a la teoría primitiva (...).
El fundamento (...) de mi teoría lo constituye el hecho, bien conocido en psicoanálisis, de la presencia en el yo de un tipo determinado de energías psíquicas, denominadas contracargas, que actúan rechazando contenidos psíquicos en su camino al sistema (pre) consciente (...). Tengamos en cuenta esto ahora, para nuestras comprobaciones, y comencemos pasando revista a algunos estados psíquicos, en los que el juicio de realidad está alterado, como son los que presentan alucinaciones, ya que la alucinación consiste (...) en juzgar de origen exterior aquello que proviene del interior del psiquismo.
Ante todo, examinemos la neurosis traumática (...). Sabemos que durante el trauma causante de una neurosis traumática, una gran cantidad de estímulos penetra en el psiquismo del individuo, por haber sido vencida la resistencia del llamado, en psicoanálisis, "protector contra estímulos". Ello provoca en el yo una gran reacción, con intensas cargas psíquicas. Ahora bien, en la neurosis traumática esta reacción psíquica al trauma no puede ser dominada por el yo de un modo normal, como tendría que ser empleando contracargas suficientemente enérgicas para sujetar y regularizar las diferentes cargas desencadenadas por el trauma. En efecto, en la neurosis traumática ocurre que la considerable carga energética de las reacciones psíquicas al trauma es superior al poder regulador del yo con sus contracargas. En esta situación psicológica, de intensidad exagerada de estímulos, debe residir el motivo de la presentación de las alucinaciones típicas de esta enfermedad. Por ello en su neurosis traumática el individuo se conduce no percibiendo conscientemente como recuerdo el trauma que ha sufrido, sino teniendo ataques en que alucina nuevamente el trauma, creyendo que lo vuelve a sufrir realmente.
(...)
No pudiendo ser suficientemente rechazadas, las cargas intensas, originadas interiormente en los días sucesivos al trauma, son percibidas erróneamente (...) como provocadas por un nuevo estímulo exterior, que no existe. Se presentan así (...) alucinaciones, que es necesario explicar mediante un mecanismo contrario al mencionado en la teoría psicoanalítica primitiva del juicio de realidad. Efectivamente, (...) el sujeto considera erróneamente como exterior -alucina- lo estimulado interiormente, que no puede rechazar por los equivalentes psíquicos de actos musculares, que son las contracargas. En cambio, según la teoría psicoanalítica primitiva del juicio de realidad, lo no rechazable debería provocarle justamente el juicio contrario, de ser de origen intrapsíquico.»
Garma, Ángel (1963). Psicoanálisis de los sueños. Paidós, Buenos Aires. Página 128 - 130.
1 sept 2014
Condicionamiento instrumental: cambios en la naturaleza y cantidad del reforzador
Después de 21 entradas dedicadas a "Psicoanálisis de los sueños" de Ángel Garma, vamos a hacer un paréntesis para dedicarle una entrada a otro tema: la psicología del aprendizaje. Este texto proviene de un libro llamado "Principios de aprendizaje y conducta", de M. Domjam.
Después de dar detalles técnicos acerca de los experimentos de R. L. Mellgren, en donde se ve cómo las ratas condicionadas modifican su comportamiento si se les mejora o empeora la recompensa, Domjam dice:
«Los resultados que obtuvo Mellgren ilustran el fenómeno del contraste sucesivo positivo y negativo. El contraste positivo se refiere a una elevada respuesta por una recompensa favorable resultado de una experiencia anterior con una consecuencia menos atractiva. De un modo más informal, la recompensa favorable les parece especialmente buena a los individuos que experimentaron previamente una consecuencia peor. El contraste negativo se refiere a una respuesta disminuida por una recompensa desfavorable debido a una experiencia anterior con una consecuencia mejor. En este caso, la recompensa desfavorable les parece especialmente mala a los individuos que han experimentado previamente una recompensa mejor.
(...) todos los efectos de contraste ilustran que la efectividad de un reforzador en una situación está determinada en parte por las experiencias del organismo con reforzadores en otras situaciones. Por razones que no están totalmente claras, el contraste negativo se ha obtenido de forma más clara que el contraste positivo. El contraste negativo se ha atribuido tradicionalmente a los efectos aversivos o frustrantes que supone la obtención de una recompensa inesperadamente pequeña. Estudios con drogas ansiolíticas, sin embargo, sugieren que los efectos emocionales de un cambio a peor en el valor de la recompensa no se dan inmediatamente. Lo que se suele pensar es que un cambio a peor en la magnitud de la recompensa activa una serie de cambios cognitivos y conductuales. El encuentro inicial con la recompensa inesperadamente pequeña activa respuestas exploratorias y de búsqueda que podrían conducir al encuentro de una mejor fuente de comida. El desencanto emocional se establece cuando las respuestas de búsqueda no tienen éxito y el sujeto tiene que conformarse con la recompensa pequeña. Esto es entonces seguido por una acomodación a la continua disponibilidad de sólo una respuesta pequeña.»
Domjam, M. (2007). Principios de aprendizaje y conducta. Madrid: Thompson. Página 145.
Después de dar detalles técnicos acerca de los experimentos de R. L. Mellgren, en donde se ve cómo las ratas condicionadas modifican su comportamiento si se les mejora o empeora la recompensa, Domjam dice:
«Los resultados que obtuvo Mellgren ilustran el fenómeno del contraste sucesivo positivo y negativo. El contraste positivo se refiere a una elevada respuesta por una recompensa favorable resultado de una experiencia anterior con una consecuencia menos atractiva. De un modo más informal, la recompensa favorable les parece especialmente buena a los individuos que experimentaron previamente una consecuencia peor. El contraste negativo se refiere a una respuesta disminuida por una recompensa desfavorable debido a una experiencia anterior con una consecuencia mejor. En este caso, la recompensa desfavorable les parece especialmente mala a los individuos que han experimentado previamente una recompensa mejor.
(...) todos los efectos de contraste ilustran que la efectividad de un reforzador en una situación está determinada en parte por las experiencias del organismo con reforzadores en otras situaciones. Por razones que no están totalmente claras, el contraste negativo se ha obtenido de forma más clara que el contraste positivo. El contraste negativo se ha atribuido tradicionalmente a los efectos aversivos o frustrantes que supone la obtención de una recompensa inesperadamente pequeña. Estudios con drogas ansiolíticas, sin embargo, sugieren que los efectos emocionales de un cambio a peor en el valor de la recompensa no se dan inmediatamente. Lo que se suele pensar es que un cambio a peor en la magnitud de la recompensa activa una serie de cambios cognitivos y conductuales. El encuentro inicial con la recompensa inesperadamente pequeña activa respuestas exploratorias y de búsqueda que podrían conducir al encuentro de una mejor fuente de comida. El desencanto emocional se establece cuando las respuestas de búsqueda no tienen éxito y el sujeto tiene que conformarse con la recompensa pequeña. Esto es entonces seguido por una acomodación a la continua disponibilidad de sólo una respuesta pequeña.»
Domjam, M. (2007). Principios de aprendizaje y conducta. Madrid: Thompson. Página 145.
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